Ecología

En busca de la conciencia ecológica

Muchas cosas han cambiado desde que allá por 1991, Benalup consiguiera la segregación del municipio de Medina Sidonia. A pesar de que no lográramos conseguir quizás el espacio suficiente para que nuestro pueblo fuera reconocido como un término verdaderamente “natural y justo”, conseguimos la tan deseada y celebrada Independencia, siendo suficientes 6000 hectáreas a fin de que al menos, temporalmente, tuviéramos la fiesta en paz.
El tiempo ha pasado y, no obstante, podemos presumir de varios enclaves de gran valor histórico y cultural que quedaron atrapados dentro de la delimitación de nuestro término. Sus nombres resuenan estos días de campaña electoral constantemente en nuestros oídos. Ciñéndome a aquellos que más están dando que hablar por este u otros motivos, destacaría nuestro antiguo Celemín (actualmente privatizado y rebautizado como Wakana Lake), la torre de la Morita y el Tajo de las Figuras. Estos dos últimos, a pesar de haber pasado desapercibidos como lugares potencialmente provechosos para el turismo de la zona a lo largo de los años, parecen haberse vuelto elementos fundamentales para la mayoría de los grupos políticos que aspiran a gobernar en las próximas elecciones, ya que la mayoría ofrecen sugerentes ideas para su conservación, puesta en funcionamiento y mejora.


Mientras todo esto se cuece, (ya veremos si algún día estas propuestas toman forma de verdad y no acaban siendo otra simple cantinela…) de la noche al día, nos hemos encontrado con un “regalo”, una “compensación”, un nuevo lugar al que acudir en nuestros ratos libres a disfrutar de la naturaleza y de las maravillas que ofrece nuestro entorno: La nueva Área Recreativa “El Celemín”.
No nos equivoquemos, por muy grande que sea la placa que lleva escrito su nombre, para cualquier benalupense, “Celemín” no hay más que uno, y no termina de parecerse al lugar de recreo que ha florecido de la nada en los últimos meses unos metros más allá del auténtico; pero, dadas las circunstancias, supongo que debemos estar agradecidos.
Antes de que el antiguo Celemín acabase privatizado, muchos fueron los momentos en los que se desaprovechó su uso y disfrute; tanto por la Administración, como por muchas de las personas que hacían uso de este lugar. Se nos brindó un paraje natural idílico, se dotó de algunas infraestructuras necesarias, y todos empezamos a acudir en familia o con amigos a disfrutar de todo lo que nos ofrecía, que ciertamente, no era poco. Ni que decir tiene, que la gran mayoría de los visitantes volvían a casa habiendo dejado todo en el mismo estado en que lo encontraron: gente que venía, disfrutaba y se iba. Pero sin llegar muy bien a encontrar el punto de origen (quizás sí los motivos), empezó el vandalismo, llevado a su máximo esplendor cada Semana Santa, fecha en la cual cogimos por costumbre acampar allí. Que conste que pasar estas fechas tan señaladas en un lugar así, es algo que respeto totalmente; la gente en general disfrutaba en un ambiente muy sano, pero el nivel de desfase al que algunos llegaron era totalmente inadecuado y destructivo, innecesario e injusto para este lugar y para el resto de personas que, como ya digo, lo único que hacía era disfrutar de tan privilegiado lugar.


Desde luego, nadie prohibía nada (aunque es esta una justificación muy penosa donde todos quedamos quizás retratados por nuestros actos…) y, para variar, acabamos pagando justos por pecadores. A raíz de aquí, muchos son los pensamientos que me vienen la cabeza, pero enlazando los hechos pasados con la nueva situación que acontece, es cuando pienso ¿Qué va a pasar con la nueva área recreativa? ¿Estamos los benalupenses realmente concienciados del entorno único que nos rodea? ¿Valoramos lo que tenemos? ¿Estamos capacitados para mantener como ciudadanos estos lugares como lo que son y tal y como merecen ser tratados? En algún momento tendremos que aceptar que parte de los problemas, parten de nosotros mismos, de nuestra educación y saber estar. Y para llegar a esta reflexión, me baso en todo lo que vemos a diario en el pueblo: excrementos de perros que somos incapaces de recoger, escombros que tiramos en cualquier sitio medio escondido (o no) en algún padrón, la cantidad de envases, bolsas, etc… que vuelan por las calles del pueblo, señales y mobiliario urbano de todo tipo roto…
Esta nueva área, a pesar de las circunstancias que han llevado a su nacimiento y de que nos guste más o nos guste menos, nos brinda una nueva oportunidad de demostrar que hemos crecido y madurado como población, y creo necesario que todos nos concienciemos y tomemos en general una postura diferente respecto al cuidado y conservación del pueblo en sí y de estos lugares. Más allá de la necesidad de un mantenimiento y una vigilancia CONSTANTE por parte de nuestro Ayuntamiento, nos encontramos nosotros, las personas que acudimos o acudiremos a este lugar, y creo que el cambio pasa obligatoriamente por trabajar a nivel individual el respeto al entorno y al medio ambiente, más aún teniendo en cuenta la localización excepcional de nuestro pueblo y la gran vinculación al mundo natural que posee. Ojalá poco a poco esta propuesta de cambio dé sus frutos y contribuyamos como buenos ciudadanos a un Benalup mejor ya no sólo en éste, sino en todos los aspectos.

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