España campeona del mundo de baloncesto; el secreto

He de admitir que mi nivel de exigencia en lo que al deporte de la canasta se refiere es muy alto. Crecí viendo jugar a los más grandes a todos los niveles. En España, el baloncesto vivía una época que no se repetirá, en la que a nivel mediático tuteaba al deporte rey. Jugadores como Fernando Martín o Epi erán auténticos iconos a los que todo el mundo conocía. En Europa, Sabonis y Petrovic lideraban a la URSS y a Yugoslavia, que eran auténticas superpotencias. Y en la NBA, la santísima trinidad baloncestística (Magic, Bird, Jordan) estaba en pleno proceso de evangelización del basket a nivel global.

Desde entonces, el baloncesto ha cambiado drásticamente. Sólo los más fieles siguen la ACB o la Euroleague y la NBA se ha convertido en un aburrido concurso de triples de 48 minutos. De hecho, el único momento en el que se genera un gran interés en torno al baloncesto en nuestro país es cuando se celebra un campeonato de selecciones, ya sea europeo, olímpico o mundial, como en este caso. La culpable de esto es la selección española de baloncesto, que lleva todo lo que va de siglo cosechando éxitos históricos.

España vs Argentina

Como en cualquier competición internacional, este mundial FIBA nos ha mostrado una precisa radiografía del nivel baloncestístico actual de cada continente. En Asia, China es el único país que destaca respecto a los demás. Además, al ser los anfitriones se esperaba más de ellos, pero han mostrado un juego muy inocente, simple y poco competitivo. Entre el resto de selecciones asiáticas, podríamos mencionar a Irán, que dio muestras de un juego muy serio en su partido frente a España.
En cuanto a África, equipos como Nigeria o Costa de Marfil han hecho gala de un despliegue físico notable, pero su juego es anárquico y están lejos de poder competir internacionalmente. Muy distinto es el caso de Oceanía, que ha contado con una más que decente selección neozelandesa y con una grandiosa selección australiana. El equipo australiano ha sido, sin duda, el más completo del torneo. Bases top como Mills y Dellavedova, aleros de la inteligencia de Ingles o pivots como Baynes y Bogut han hecho de Australia un conjunto casi invencible. De hecho, España necesitó dos prorrogas a las que llegó agónicamente tras ir por detrás en el marcador, para poder derrotar a los aussies en un encuentro que pasará a la historia del Mundobasket. El cuarto puesto final no les hace justicia y es simplemente una clara muestra de la igualdad entre las cuatro semifinalistas.

Respecto a Europa y América, los dos grandes dominadores del baloncesto mundial, hay mucho que comentar. Sin lugar a dudas, la gran decepción del torneo ha sido la selección de Estados Unidos. Para los “expertos”, la gran favorita del torneo, pero para cualquiera que viera los partidos del Team USA, estaba claro que no iban a llegar muy lejos. Personalmente, sólo conocía a un par de jugadores, Kemba Walker, Barnes, López y poco más. El resto serán muy conocidos para los trasnochadores que ven NBA, pero para el común de los mortales no eran más que un grupo de jugadores NBA de segunda o tercera línea con pocas luces y un nulo conocimiento del baloncesto FIBA. El resultado final ha sido un vergonzoso séptimo puesto. La deserción masiva de todas las divas que debían participar con el equipo norteamericano debería haber sido suplida por un combinado de jugadores de equipos FIBA, como Jaycee Carroll, Gaynes o Higgings. No me cabe duda de que su puesto final habría sido mucho más decente. Entre el resto de conjuntos americanos, la Republica Dominicana ofreció un juego muy vistoso y logró un sorprendente pase a segunda ronda que pocos esperaban y Brasil fue competitiva como suele ocurrir en este tipo de eventos. Pero, como siempre, el gran referente del baloncesto sudamericano ha sido Argentina. A pesar del cambio generacional (sólo queda Scola como representante de la época dorada del baloncesto argentino), Argentina sigue siendo una potencia baloncestística mundial. Es fácil empatizar con una selección liderada por un base de 1.78 como Campazzo, que hace que parezca que cualquiera, sin importar su estatura, puede ser una estrella de este deporte. Y si el liderazgo al subir el balón es del base madridista, no cabe duda que, el liderazgo espiritual es del veterano Luis Scola, jugador curtido en mil batallas a ambos lados del Atlántico y del que pocos esperaban su increíble rendimiento en este mundial. Su actuación en la semifinal ante Francia, ante jugadores mucho más poderosos físicamente fue magistral y decisiva para el pase a la gran final.

En el viejo continente, el declive del baloncesto de Europa del Este ha sido notable. Una indolente Serbia echó demasiado de menos a Teodosic y pasó de derrotar por cuarenta a rivales mediocres a caer derrotada por España sin ni siquiera un final de partido ajustado. Rusia y Lituania tampoco tuvieron un papel destacable. Su puesto ha sido tomado por dos países con poca tradición baloncestística como Polonia y la Republica Checa, cuyo rendimiento ha sido más que notable, en contraposición al decepcionante papel de Turquía, tras rozar la victoria ante USA y especialmente de Grecia, que lo fiaba todo al MVP de la NBA, Giannis Antetokoumpo, pero que se encontró con la cruda realidad de que el baloncesto FIBA sigue siendo un deporte serio en el que la defensa es importante de manera que un solo jugador no puede ganar los partidos por si solo. De hecho, ver la dificultad con la que se ha encontrado la estrella griega dice mucho (y malo) de la NBA actual. Por el contrario, la selección italiana quedó en un puesto más bajo del que habrían merecido. Prueba de ello fue el encuentro frente a la selección española, en el que estuvieron muy cerca de derrotar a España y clasificarse. Finalmente, antes de mencionar a España, no podemos olvidar a la selección francesa. Los galos se hicieron con el bronce tras una brillante victoria en la final de consolación ante Australia. Con más músculo que talento les bastó para ocupar el tercer escalón del podium gracias a la actuación de Fournier, Batum y De Colo.

Y con todo esto, llegamos a la final entre Argentina y España celebrada este domingo. La primera fase fue un paseo con rivales de muy poca entidad y aburridos para el espectador. A partir de ahí vino lo más interesante. Ante Italia todo fue muy complicado y Marc Gasol no era capaz de anotar a pesar de la baja estatura de los transalpinos. Afortunadamente, una canasta del ala pivot de los Raptors en el tramo final del partido sirvió para derrotar a los italianos in extremis. A continuación, y para sorpresa de todos, España derrotaba a Serbia con relativa facilidad. Tras este partido, vino un rival más sencillo, como Polonia, que cayó por unos honrosos 12 puntos. Sin embargo, el siguiente rival no iba a ser tan fácil. Australia puso a los de Scariolo contra las cuerdas y solo una actuación memorable de Marc Gasol con más de 30 puntos, permitió a España imponerse tras 50 minutos de baloncesto. Tal fue la intensidad de la semifinal, que la final celebrada hoy ha parecido fácil, con España tomando la delantera desde el primer minuto y sin que Argentina haya sido capaz de acercarse en ningún momento y en la que solo destacó Deck en el día de hoy. Por parte de España, aparte del ya mencionado Gasol, Llull recupera poco a poco el nivel previo a la lesión y ha sido muy importante, así como un Rubio mucho más maduro y resolutivo en ataque, pero si por algo ha ganado la selección ha sido por su capacidad de jugar en equipo y ser competitivos. Esa ha sido la diferencia respecto al resto y la clave para conquistar China. Próxima cita: Tokio 2020.

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