Casas Viejas 1933, el documental

Alberto Moravia, en su novela La Romana, pone en boca de uno de sus personajes la siguiente frase: “La historia de la humanidad no es más que un largo bostezo de aburrimiento”. Cuando la leí he de confesar que acabé por apropiarme de su sentido, pero sin apenas haberla comprendido del todo, y mucho menos estar seguro de que aquel bostezo fuese realmente de aburrimiento. Pasados los años, y con la perspectiva que da conocer algo más de historia, conservo en mi memoria aquella frase como muchas otras que fueron perdiendo lustre y arrogancia, en la vanidad de un jovenzuelo con aires de intelectual.

La historia puede ser silenciada, olvidada, tergiversada y hasta inventada por aquellos que pretendan contar los hechos como mejor les interese. La historia ha sido siempre un arma en manos de quienes manejaron siempre el relato para que nadie pudiese rebelarse, para que nadie pudiese cuestionar el orden establecido o simplemente ser dueños de su vida y crear con sus propias manos, libres de ataduras, su propia historia.

Los sucesos de Casas Viejas son un ejemplo de cómo el silencio, la mentira y el olvido pueden llegar a provocar que todo un pueblo crezca a espaldas de su historia. Pero la verdad de los hechos soporta mal la mistificación, y el tiempo, quizá la dimensión más sabia de nuestro mundo, acaba por desmoronar toda mentira, todo encubrimiento, todo miedo.

Tuve esa sensación mientras veía en el Teatro Municipal el documental “Casas Viejas 1933”. Un precioso documental que no solo cuenta los hechos ya sabidos, sino que describe muy bien un silencio heredado de algo que fue una tragedia, un abuso de poder en una época y en un lugar donde no se conocía otra cosa más que un atroz e inhumano abuso de poder. Donde la ignorancia de un pueblo sometido no logró calmar las ansias de justicia y libertad de unos cuantos hombres, que con apenas algunas ideas y viejas escopetas de caza, decidieron luchar por algo mejor que aquello que ya poseían, una miseria brutal.

Muchos son los ejemplos a lo largo de la historia de actos de inhumana crueldad simplemente porque hubo quienes tuvieron el poder para hacerlo, porque creyeron estar del lado de la razón o de la ley, o simplemente porque cumplieron ordenes. Pero quienes en su día ganaron esa batalla perdieron otras tantas, porque a pesar de todo hay algo incombustible en el alma humana, algo que empuja a luchar y a rebelarse en un mundo que sigue con las raíces podridas, y donde queda aún tanto por hacer. Porque en palabras de Pepe Pareja, vivir es luchar.

Benalup-Casas Viejas tiene un hermoso homenaje en forma de documental de una parte de su historia, y de aquellos que no renunciaron nunca a desvelar y contar la verdad. Enhorabuena a todos.

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