Kobe Bryant

El baloncesto es un deporte con especial inclinación a crear figuras mitológicas y legendarias. Más cercano al celuloide o al rock and roll que al resto de deportes, morir joven te traslada a un nivel superior. He vivido esa íntima relación entre el aro y las cenizas desde la infancia. No en vano, el fallecimiento de Fernando Martín en 1989 me marcó profundamente y sigo buscando cualquier información o historia que cuentan sobre él cuando entrevistan al veterano de turno. Años después, murió su Némesis, Drazen Petrovic. Y la lista de figuras de mayor o menor medida que han fallecido prematuramente desde entonces es inmensa. Si has seguido el baloncesto con mediana atención desde los 80 o 90 hasta nuestros días, te sorprenderías al ver cuántos jugadores que recuerdas ya no están entre nosotros.

El fallecimiento de Kobe Bryant en las cercanías de la ciudad de Los Ángeles, y por ende, a pocos kilómetros de la meca del cine, es el final de una historia que difícilmente habría tenido tantos y tan diferentes capítulos si de guión holliwoodiense se hubiese tratado, en lugar de una historia real.

Para empezar, sus orígenes no eran los típicos del perfil habitual de jugador afroamericano, procedente de un gueto y con un entorno complicado. Por el contrario, Kobe era hijo de un jugador de baloncesto que hizo carrera en la liga italiana (de ahí el dominio del italiano que tenía la Mamba). Esta crianza en el viejo continente hacía de Kobe Bryant alguien con una visión del mundo mucho más abierta de lo habitual entre los “yankies”. Para muestra un botón: en su última entrevista para la CNN, le preguntaron por el fútbol español y comentó su opinión sobre el fichaje de Quique Setién, algo impensable si se tratase de casi cualquier otro de sus compañeros.

Kobe Bryant

A sus 41 años, era insultantemente joven. Tanto como para que pudiera haber seguido en activo de así quererlo, como hace Vince Carter a sus 43 años. Sin embargo, su debut resulta extremadamente lejano en el recuerdo. Nos tenemos que remontar nada más y nada menos que a 1996. A nivel personal, recuerdo que tenía 19 años (uno más que Bryant) y comentaba con mis amigos que los Lakers habían contratado a un chaval de 18 años que era el nuevo “Jordan”. En aquellos tiempos, esto se decía de cada jugador que era elegido en el draft y tenía un estilo de juego llamativo. Sin embargo, todos se quedaban en el camino, salvo la estrella de los Lakers, que con sus cinco anillos (primero de la mano de Shaquille y después de la de Gasol) hizo que el debate “Bryant o Jordan” existiera entre los aficionados. Los que decían que Air tenía un anillo más, recibían como respuesta que Bryant había anotado más puntos en su carrera y el debate seguía y seguirá, más aún, ahora. Para los que quieran comparar, hay un vídeo en Youtube con millones de visualizaciones con jugadas calcadas de uno y otro jugador.

A sus 41 años, era una leyenda en vida. No necesitaba morir para ser glorificado. Fruto de su prolongada carrera, su figura es un nexo de unión entre el baloncesto de ayer y el de hoy. Basta con mencionar algunos datos. Bryant debuta en la NBA meses después de la retirada definitiva de Magic Johnson, tras un fugaz retorno a las canchas. Fue el inicio de una carrera ligada a una única franquicia, que le llevó a tener un sitio en el quinteto inicial histórico de los Lakers, cosa nada sencilla si tenemos en cuenta que el base sería Magic y que los codazos para jugar de cinco se los dan entre Jabbar, O’Neal y Chamberlain (si, el de los 100 puntos en un partido). Curiosamente, en una época muy diferente, Bryant llegó a anotar 81 puntos en un partido. Con todo esto en mente, siguen los guiños al pasado más remoto y los flashbacks. Cabría pensar que los Lakers fueron muy afortunados al poder elegir a su otrora jugador franquicia durante dos décadas. Pero…la realidad es que fue seleccionado por los Charlotte Hornets, que lo intercambiaron por Vlade Divac, estrella serbia del baloncesto, con una relación de amor-odio que jamás pudo llegar a la reconciliación con Drazen Petrovic (recordad, todo está interconectado). Esta operación es un ejemplo más de la habilidad negociadora de Jerry West, si, el del logo de la NBA, estrella de los Lakers en los 60 y 70 y posteriormente encargado de la gestión deportiva del equipo con innumerables conejos sacados de la chistera para contribuir a la creación del Showtime de los Lakers y sus posteriores revivals.

A sus 41 años, no todo fue de color de rosa en su vida. Ya sabéis, los ricos también lloran y Kobe Bryant tuvo que enfrentarse a una acusación de violación, que finalmente quedó en nada. En los profesional, tras las dos épocas gloriosas antes mencionadas, las últimas temporadas del equipo fueron una cuesta abajo notable y los Lakers dejaron de ser candidatos al anillo de campeones y se arrastraban por los últimos puestos de la tabla. Sin embargo, esto no ensombreció su temporada de despedida en la que fue homenajeado en todas y cada una de las canchas de la NBA. En el vestuario, su ego chocaba no sólo con algunos rivales, sino con su compañero Shaquille O’Neal. De hecho, aunque suavizado por el paso de los años, el pique entre ambos continuaba hasta nuestros días. Muy distinta fue su relación con Pau Gasol, que se convirtió en su complemento ideal para conseguir dos anillos más. A estos premios de equipo, evidentemente se suman los individuales en forma de MVPs y similares. Premios que todas las figuras del deporte de este nivel valoran casi igual o más (CR7…) que un campeonato. Y curiosamente, jugando a “quien la tiene más larga”, Kobe Bryant ganó un premio que ninguno de sus rivales tiene: un Óscar. Una guinda inigualable para su trayectoria.

A sus 41 años, disfrutaba de su familia, curiosamente otra cosa que no había podido hacer durante sus dos décadas de carrera (y que igual nos indica una vez más que sin importar nuestras posesiones, las vidas de la gente son más parecidas entre sí de lo que nuestra cuenta corriente indica). Y su presencia en primera fila en la cancha del Staples Center seguía sirviendo de nexo entre diferentes épocas. Como muestra, su broma a Nicola Doncic (que se retirará cuando muchos de nosotros estemos pensando en jubilarnos) dirigiéndose a él en esloveno mientras jugaba, o su último tweet, dedicado a LeBron James, tras superarle en el ranking histórico de anotadores de la NBA.

Pero recordemos que nuestra historia no es un guión de Hollywood, con sus predecibles finales felices. Es una historia real, de la que seguro harán una biopic, con el más trágico de los finales, en forma de accidente de helicóptero, su medio de transporte más habitual, y a la postre, el medio en el que ha encontrado este fatal desenlace junto a su hija y varias personas más.

Descanse en paz, Kobe Bryant.

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