A nadie le importa los muertos

A nadie le importa los muertos. Algunos todavía no llevan mascarillas, pero todos llevan las máscaras, todos hablan y hablan de puertas para fuera, mientras que debajo de la fachada de cinismo empedernido se ríen de los ciudadanos a carcajadas, los muñecos diabólicos del siglo XXI.

Por las calles van danzando los soldados de la ignorancia, los que necesitan de un jefe supremo para sentirse a salvo frente al otro bando, un grupo de kamikazes dueños de su única razón que se lanzan al vacío a pecho descubierto cumpliendo las órdenes del más listo de la clase.

El rebaño continúa su lucha sin sentido, mientras que el pastor sigue tomando una cerveza bien fría a orillas de la piscina de su castillo, porque todos al fin y al cabo todos aspiran a lo mismo, a tener, cuanto más mejor, con piscina a ser posible y varios metros cuadrados de un espacio que huele jazmín, aunque se encuentre rodeado de basura.

La quema de palabras es infinita cuando se trata de alcanzar la gloria. Una cruz de guía tambaleándose constantemente, una veleta que cambia de dirección dependiendo del viento que sople, unos bailando una sardana sobre los féretros de los fallecidos de su propia tierra, el otro que observa a la presa malherida, aprovecha la ocasión para hacer más sangre, pero sin matarla, que todavía quedarán más oportunidades para hincarle de nuevo los dientes. Por pedir, que no quede. Y cuando menos lo espere, le darán dos patadas a las muletas que lo sostiene y quedará con la cara pegada al barro, dentro de la ciénaga que él mismo ha ido creando con el paso de los meses.

Los lamentos de los pasillos, el tic tac del respirador, las lágrimas de quienes han dejado algo más que su vida. Los que de una u otra forma abrazan a la vida, son ajenos a los designios de sus gobernantes, aunque la sangre de los muertos solo les salpique a ellos, los finales de los cuentos siempre son iguales.

Siento que, desgraciadamente, nadie será condenado por sus pecados, solo el pueblo, una vez más, será quien arrastre la cruz, algunos se quedarán en el camino, otros saldrán adelante, aunque siempre con el deseo de que llegue el besamanos, para seguir lamiendo a sus dueños, radicales de las promesas incumplidas, los monstruos de las máscaras y las corbatas, allá vosotros, conmigo no contéis, porque si algo me estáis dejando claro es que a nadie le importa los muertos.

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Miguel Ángel Moreno Cortabarra

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Licenciado en Filología Inglesa, escritor de la novela Doce V, poeta, fui atrapado por la tecnología y he administrado varias webs. Ahora dándolo todo por La Libertaria Información

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