Deporte | Game Over, el Real Madrid se proclama campeón de la liga más larga

A falta de pequeños flecos, la temporada 2019/20 toca a su fin con la victoria del menos malo. Y es que resulta difícil calificar casi nada de lo acontecido en esta atípica temporada como brillante.

El que quisiera ver fútbol, aunque sea esta suerte de fútbol moderno, se encontraba con un partido de rugby si intentaba ver al Real Madrid. El conjunto blanco avanzaba una y otra vez hasta que llegaba al área, uno de sus jugadores era derribado, se paraba el juego unos minutos y entonces el comité de sabios determinaba que había que lanzar una pena máxima. Entonces el pateador (normalmente Sergio Ramos) se dirigía al punto situado a once metros y anotaba. En definitiva, sin ser brillante, ser sólido como una roca le ha sido suficiente al Real Madrid para proclamarse campeón con un pleno de victorias tras el retorno a la actividad.

Si por el contrario elegías ver al Barcelona, te encontrabas con un partido de balonmano. En el caso de los culés, lo que presenciaba el espectador era una larga y normalmente estéril posesión oscilando de derecha a izquierda alrededor de la defensa rival hasta que surgiera un posible hueco en un despiste de la zaga rival. Y en cada acción polémica, se daba una larga conversación entre el colegiado y un jugador blaugrana (normalmente Piqué). Si Messi es humano y no sobrehumano, no les basta.

Polémicas aparte, la liga se decidió el pasado 13 de enero cuando la COVID-19 no era más que un lejano chiste y el FC. Barcelona cometió el error de cesar a Ernesto Valverde cuando el equipo lideraba la liga. Un hecho, con un único precedente en la historia del fútbol de élite (la destitución de Radomir Antic en los años 90 cuando el Real Madrid era líder) y que dio pie al mismo desenlace final.

En el resto de encuentros, poca cosa que llevarse a la boca. Un fútbol fiscalizado con ese Gran Hermano que todo lo ve y roba toda la esencia de un deporte que durante más de un siglo basó su éxito en ser un juego continuo, sin interrupciones más allá de las debidas a los lances propios de cada encuentro. Un deporte de contacto, que nadie olvide esto. Con un juez que dictaminaba lo que estimaba más oportuno y que muchas veces erraba, pero eso también era parte del juego. Ahora nos encontramos con un New World Order en toda regla en el que… si soplas al rival tras su oreja, penalti, si levantas los brazos para saltar como dicta la naturaleza, tarjeta amarilla, si haces una falta y tienes la mala suerte de que tu pie roce la pantorrilla del rival, tarjeta roja (o naranja, porque si alguno se ha fijado, últimamente son como naranjas). Si eres portero, y te toca enfrentarte a un lanzamiento de penalti, procura no moverte mucho, porque si cometes la osadía de pararlo, lo más probable es que te saquen tarjeta amarilla. Y… si marcas gol, no lo celebres. Espera, que lo tienen que mirar en el VAR. Ahora, sí, no. Todavía no. Ahora… gooool.

Y si no has tenido bastante, cierra los ojos. Si, ahora está todo en blanco y negro y eres Ingrid Bergman y se te acerca Humphrey Bogart, que con voz tranquilizadora te dice “Siempre nos quedará la Champions”.

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