Opinión | Tierra roja al atardecer

¿Has pensado alguna vez en hacer un viaje? ¿En volar en globo? ¿En bucear con tiburones o recorrer un desierto zancada a zancada? ¿Has pensado alguna vez en llevar a tu hijo al cole? ¿En pasear por la playa con tu perro o tomar algo con tus amigos en tu bar preferido?

No hace mucho tiempo en un viaje conocí a Diray, una niña de ocho años que vivía en la montaña sagrada de los aborígenes australianos, el Uluru. Un monolito rojo que nace en Ayers Rocks. Arenisca inmensa en el centro de la nada teniendo el pueblo más cercano a 450 km. Es silenciosa y cambia de color con la brisa de sol, el atardecer y la temperatura azotándole en su lomo infinito. 

Cuando lo ves por primera vez la sensación es de paz y si tienes la suerte de verlo más veces, en otros viajes entonces te das cuenta que el privilegio de la vida no es conseguir o tener, es simplemente la suerte de estar aquí. 

Diray me ofreció té, apenas conocía el significado de algunas palabras en inglés, pero sus ojos y su sonrisa hablaban en la lengua del amor puro y verdadero. Calentamos el agua en la cocina de mi coche. Jugamos con la caña de pescar que tenía en el techo de mi Nissan Patrol del 91 que compré en Sydney mientras ella me enseñó a lanzar el boomerang, me costó más de cinco horas y muchos paseos en busca del artilugio de madera conseguir que volviera a mí mínimamente.

Al despedirme de ella al anochecer, Diray agarró una piedra y dibujó en la arena roja del suelo algo parecido a un gran círculo con dos puntos dentro y los unió con un símbolo parecido al infinito. La miré y le pregunté con la mirada qué significaba. Ella me devolvió mi gesto con un golpe en su corazón para llevarse luego su mano a mi pecho. Se agachó y tomó tierra en su mano y apretó la mía dejando la tierra en mis dedos. Sonrió y se marchó para siempre. 

Muchas veces me acuerdo de Diray. De su olor y de la tierra roja y de lo que yo entendí de aquel dibujo. En estos tiempos convulsos. Egoístas e hipócritas. De miradas oscuras y poca Fe en nosotros mismos, debemos mantenernos unidos como único camino para crecer y mejorar.

¿Has pensado alguna vez en hacer un viaje? ¿En compartir algo en tu bar favorito? No pierdas el tiempo. Mañana puede ser tarde. No dejes pasar el día sin decirle a alguien que le quieres. Esa persona no lo olvidará jamás. 

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