Opinión | Sin fiesta

Peor no podía pintar para la música en vivo y en la fiesta de guardar para el ocio y el bolsillo de los autónomos, catastrófico para el colectivo de orquestas con sus montadores de lejanos escenarios. Industria andante, conductores y porteadores, músicos, bailarines y cantantes amén de pequeños grupos, dúos o tríos que trabajan a sueldos o se ayudan de un extra.

El reloj de cuerda suspendido nunca fue tan sonoro a consecuencia de la pandemia, extraña, atípica, trágica y de tanta miseria. El año pasado hablábamos mi amigo y yo en el hotel Palace de Fuengirola de bolos después de un concierto, hoy es impensable ferias y verbenas. ¡Quién lo diría!, en fechas de la fabulosa feria de Málaga las casetas sin el baile, los salones de la tercera edad vacíos. Desde Algeciras hasta la Nerja de Chanquete, sin el lleno a rebosar, allá donde el júbilo de la gente con espíritu joven de baile quedó en el recuerdo, fomentado por los ayuntamientos, asociaciones y colectivos en su momento.

El deseo de volver se hace presente, volver a ver frente a frente, aunque por casualidad a Madonna en el OH Marbella de fiesta, ya me lo dijeron, hablar inglés es importante en el Taco Loco del Puerto funcionando, ya sin el empresario por causas mayores, subido en las congas, mientras los guiris paraban y apartaban la vista del Ferrari y los yates, acaparando la atención las congas de Espartaco.

Desayunar en la barra con el saludo amable de Sean Connery, apareciendo como recién salido de la pantalla, las prisas de la Obregón en cafetería, como ya dijeron en carnaval a María Teresa cuando iba por la calle a algún parto…¡va que vuela!.

Coincidir en el desayuno, después de una nochevieja, con Verónica Forqué sin maquillar. Quiero volver a amenizar en Costa Natura y oír las voces del cocinero a veces en la connotación disonante, pero con nota coincidente entre el murmullo de la gente cenando frente a la vista del mar en aquel marco con luna llena. Volver a la convención en el H.10 de Andalucía plaza, incluyendo el olvido de cortar la máquina de humo y saltar la alarma en el retén de bomberos, la ponencia de Calatayud en Hotel Alborán.

Otra, otra..igual que la de Gil y los cuarenta periodistas en aquel restaurante del Libanés en primera línea de Puerto Banús. Volver al sonar las primeras notas en la jungla de plantas de la terraza del Kempinski. Volver a escuchar la llamada telefónica del representante para amenizar la celebración y el cambio de cadena para los actores y la anfitriona Ana Duato en Estepona. Reservar otra fecha para un cumpleaños de un enamorado a su novia presidiaria en el patio de la cárcel, bajo previo permiso gubernativo y suculento salario. Volver a aquellos carnavales con sus exquisitos disfraces desde Infantes hasta Carrizosa con todo Madrid allí metido. Volver a la caseta el Chumbo de Algeciras con la cocina de Luis del Duque, Málaga en la peña el Boquerón. Regresar a la quedada de quinientos solteros en Las Cruces, amenizar las bodas de matrimonios como antes. Interpretar una samba en aquella carpa sobre las arenas de playa de Sanlúcar en las carreras de caballos donde los jinetes luego celebraban. Volver para equivocarse en la cúpula de cristal de Doña Lola Resort donde el sonido era inaudible. Volver al maratón de las tres voces cuando la voz te dice no puedo más, en escenarios sin toldo con el rocío de la noche, y un charco de agua en el teclado que nos mate de calambre, preferible, antes que por esta pandemia inaguantable.

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