Opinión | Diego Armando Maradona: crónica de una muerte anunciada

En uno de esos regates a los que nos tenía acostumbrados desde finales de los 70, cuando parecía que la operación a la que había sido sometido había sido un éxito, finalmente el corazón de Maradona ha dicho basta en el día de hoy.

Si esperas un epitafio glorificante, este no es el artículo que buscas. Si esperas una crítica sangrante, tampoco.

Futbolísticamente, siempre pensé que Maradona estaba algo sobrevalorado. Su talento con el balón era indudable. Su actuación en el mundial de México 86, un despliegue inigualable. Pero, creo que a nivel de jugador de club podría haber sido mucho más de lo que fue. Su paso por el Barcelona fue discreto, dejando jugadas espectaculares pero sin ganar grandes títulos. Dicho esto, el error histórico del FC Barcelona al dejarlo marchar y no crear un equipo ganador en torno a él creo que no ha sido nunca lo suficientemente enfatizado. Pocos tandems se vienen a la cabeza con tanto talento como el formado por Schuster y Maradona y tan sólo unos torpes directivos podían combinar la habilidad para adelantarse al resto de gigantes europeos de la época y fichar al Pelusa con la incoherencia de dejarlo ir un par de años después. La historia del fútbol español, europeo y mundial habría sido muy distinta de no mediar está decisión. De hecho, es realmente triste, que aparte de varios goles auténticamente espectaculares, una de las imágenes para el recuerdo de la estancia de Maradona en el Barcelona no sea otra que la tangana protagonizada por su club en un partido frente al Athletic Club de Bilbao. Cuando ahora se escandalizan los comentaristas ante alguna pequeña pelea en un partido y pienso en aquello, sinceramente, me da la risa. Si alguien cree que exagero, que busque el vídeo en cuestión.

En Nápoles, Maradona se convierte en la estrella del Calcio, la liga más poderosa y con diferencia de la época, llevando al Nápoles a codearse con Juventus, Inter o Milán. Y a nivel europeo consigue alzarse con una copa de la UEFA, en una época en la que esta competición tenía tanto o más nivel que la entonces llamada copa de Europa, ya que contaba con la participación de los segundos, terceros y cuartos clasificados de las ligas más poderosas. Cabe destacar para los más viejos del lugar, que seguro que lo recuerdan, su eliminatoria frente al Real Madrid en competición Europea con partido a puerta cerrada (algo totalmente bizarro en aquellos añorados ochenta) en el Bernabéu y que nos dejó entre otras cosas el marcaje al hombre que Chendo le hizo al astro argentino, recurso táctico éste, innombrable en nuestro fútbol moderno. El último que se atrevió a intentarlo o uno de los últimos, fue Hugo Sánchez asignando a uno de sus jugadores que marcase al hombre a Messi y, como no podía ser de otra forma en la dictadura mediática en la que vivimos, fue lapidado digitalmente por ello. Y volviendo a la figura que nos ocupa y a su paso por Nápoles, Maradona era idolatrado hasta niveles más allá de lo divino y el espectáculo se iniciaba para el espectador incluso antes de empezar el partido de esa semana, con una serie de malabarismos a ritmo de música antes del inicio del encuentro que dejaban extasiado a todo el estadio.

Pero sin lugar a dudas, el clímax de la carrera de Maradona se produce en el verano de 1986 cuando logra llevar a la selección argentina a hacerse con la Copa del Mundo, dejando sus dos imágenes más icónicas: por un lado la conocida como Mano de Dios y por otro por él para muchos mejor gol de la historia. Semejantes hitos históricos merecen sendos comentarios.

Respecto al gol con la mano, dicha situación nos lleva a comparar el fútbol de antes y el de ahora. En nuestros días, el árbitro habría parado el juego y tras un minuto de deliberación, el árbitro habría anulado el gol. De la misma forma, en el partido de ese mismo mundial entre España y Brasil, a Michel le habrían dado un gol fantasma que entró claramente tras golpear el larguero. Muchos pensarán que bienvenido sea el VAR si evita el error arbitral en ambas situaciones, pero esa posibilidad de error y esa decisión inmediata formaban parte de la esencia de de este deporte, esencia perdida cuando marcas, esperas, y a los cinco minutos celebras. O marcas, celebras y a los cinco minutos lamentas. En ambos casos el fútbol se convierte en una especie de colitis interruptus, eso sí debidamente fiscalizado por unos señores que rebobina hacia delante y hacia atrás un vídeo cien veces para tomar una decisión

Respecto al gol en el cual arranca desde el centro del campo y consigue batir al guardameta de la selección inglesa volviendo loco a todo el planeta, creo que se ha dicho y escrito todo lo imaginable. Y por supuesto en este mundo de comparaciones odiosas, hay quien compara este tanto con uno de semejante factura anotado por Leo Messi. Personalmente, nunca he entendido la comparación. Si comparamos las estadísticas de uno y otro, Messi ha marcado muchos más goles (en un fútbol mucho más protector con los delanteros y mucho menos permisivo con los defensas, que todo hay que decirlo), la vitrina de Messi cuánta con muchos más títulos a nivel individual y de club (aunque no cuenta con ningún título con la albiceleste habiendo tenido compañeros de más calidad a su lado de los que tuvo Diego) y para la mayoría de argentinos Maradona es un dios y Messi se quedó en aspirante. Todas esas comparaciones pueden tener sentido y despertar el debate, pero comparar dos goles sin tener en cuenta el contexto, carece de sentido. On the one hand, tenemos un gol en un mundial frente a la selección de Inglaterra y on the other hand, tenemos un gol muy bonito, si, pero frente al Getafe en Copa del Rey.

Hay otra cosa que quiero comentar y que de no hacerlo corro el riesgo de reventar. Hace unos días, hablando de su operación, recordaban su figura en televisión y el talentoso periodista que leía la noticia en Gol Televisión dijo “El partido frente a Inglaterra se disputó poco después de la guerra de…. Las Maldivas” (…)

Tras coronarse como campeón del mundo con Argentina y ser unánimemente considerado el mejor jugador del mundo y puesto a la altura de Pelé, no pasó mucho tiempo hasta que se produjo el descenso a los infiernos del Pibe. Y es que no había peor ciudad ni peores compañías posibles para Maradona que Nápoles y todo el entorno de personas que le rodeaban. Su consumo de drogas lo apartó del fútbol y le privó de parte de sus mejores años. Y para los que no lo vivieran o no lo recuerden, no era un coqueteo con la droga, era una toxicomanía en un grado muy elevado, que le dejó claras secuelas durante el resto de su vida.

A partir de ahí, comenzó un declive con multitud de destinos diferentes y altibajos personales, deportivos, de salud y de toda índole.

Con Argentina no volvió a lograr el éxito del 86, pero en 1994, había recuperado un nivel notable y su actuación en el mundial de Estados Unidos estaba siendo destacable cuando lo castigaron por dar positivo en un control antidopaje. Siempre pensé pero es sólo un pensamiento no demostrable,que había alguien poderoso en los despachos a quien Maradona le resultaba molesto en ese momento y había que quitárselo de en medio. Porque el positivo de Maradona no fue ni por haber recaído en el consumo de cocaína o por tomar algún anabolizante (a los “peloteros” como llamaban nuestros padres a los jugadores bien dotados técnicamente, no les hacen falta esas ayudas y en esos años si de algo empezaba a notarsele algún problema era con una tendencia a coger peso). Su positivo fue por Efedrina, sustancia que muchos hemos tomado ante un resfriado.

Como jugador de club, tras marcharse de una tóxica Nápoles, Maradona desembarcó nada más y nada menos que a orillas del Guadalquivir y en el Sevilla FC desplegó pinceladas de su talento en el campo y según cuentan también dejó innumerables anécdotas fuera de él.

Y como intento siempre escribir usando sólo mi memoria como ayudante y sin recurrir a Wikipedia’s y similares, no recuerdo sinceramente, si aparte de su retorno a Argentina con el Boca Juniors, jugó en algún otro club, pero sea como fuere nos encontrábamos ante un talento indudable pero desbocado capaz de anotar goles asombrosos como en sus mejores días pero con cada vez más dificultad para controlar sus impulsos.

Una vez terminada su carrera como jugador, comenzó la de entrenador. Y en esta etapa, creo que nadie supo separar al mito de la persona. El mito, Maradona, era para muchos el mejor jugador de la historia, pero la persona era alguien enfermo en muchas ocasiones y al que pocos se atrevían a corregir o asesora por ejemplo para no arrastrarse (es mi opinión personalísima, yendo a entrenar a los Dorados de Sinaloa). Me atrevo a decir, que como en muchos otros casos, de personas de éxito profesional y relevancia social y mediática, tanto en su etapa jugando como en la que vino después, estuvo rodeado de muy pocos que quisieran lo mejor para él y si por muchos que querían aprovecharse de él hasta en sus últimos días.

En definitiva, en este mundo lleno de envidiosos en el que nos toca vivir, muchos son los que envidiaran el dinero ganado, o las comodidades y lujos resultantes de ello. Muchos los que se burlasen de él en sus días más bajos y ahora salgan a pasear con la camiseta de Argentina proclamando a los cuatro vientos su adoración infinita por el astro argentino. Y muchos los que se queden solo con su lado más oscuro y con las extrañas circunstancias que han rodeado sus últimos días y sobre las cuales me reservo mi opinión, más allá de decir que a pesar de su delicada salud, las “causas naturales” de su fallecimiento, si así se determinan, igual no lo son tanto.

En mi caso, siento lástima por una persona que durante años ha sufrido una terrible enfermedad  y siento lástima por una persona que de no ser por las malas compañías y por algunas decisiones erróneas, podría haber disfrutado de una vida plácida en todos los sentidos e infinitamente más exitosa en el ámbito profesional.

Descanse en paz, Diego Armando Maradona.

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