Opinión | Cómete los sermones

Supongo que alguien se preguntará ¿cómo le puede importar el asuntillo de morir con dignidad a un chavalote de veinticinco, sano y fuerte? Créeme, puedo entender por qué te preguntas eso. Pertenezco a esa generación de Peter Pan; frívola, vanidosa, esclava de las apariencias y adicta al Tik Tok. No pretendo dejar aquí la impronta de mí indiferencia ni voy a perder el tiempo haciendo una crítica repetitiva. Me da lo mismo lo que hagan o quieran hacer los demás. Sólo deseo deshacerme de una terrorífica pesadilla que azota mi subconsciente cada noche a las cuatro de la madrugada.

            He descubierto, hace bien poco, las tres únicas certezas que albergan la existencia de cualquier ser vivo en este planeta. El nacimiento, la enfermedad y la muerte. Qué tontuna la mía, diréis con razón, ni que hubiera encontrado el verdadero sentido de la vida. La cuestión es, que ya pasé por la primera gran certeza. Según mi madre, lo pasamos un poco mal, pero aquí estamos desde entonces. Por consiguiente vendrán la segunda y la tercera. No se sabe cuándo ni cómo pero llegarán con toda seguridad. Es ley de vida. Como ley de vida es conocer, sí vivo lo suficiente, a las chicas de Tik Tok sufriendo los estragos que causa la edad. Hablemos claro y sin tapujos ni eufemismos. Estas guapísimas chicas dejaran atrás ese tremendo cuerpazo por uno lleno de arrugas y movilidad reducida. En mí caso, esta semana conseguí hacer más de diez dominadas sin ayuda en el gimnasio. Toda una proeza digna de mi edad, eso por supuesto. Deseo dejar esa nimiedad grabada en la piedra caliza de la memoria hasta que esta cascara me lo permita. Si llego a viejo, lo más seguro es que mi mayor proeza diaria sea levantarme de la cama o calzarme los zapatos sin la ayuda de nadie

            Llegado el momento es muy probable que enferme, se me pudra el cuerpo y pierda las facultades mentales, pero a veces, la enfermedad coge atajos en el tiempo y no espera para hacerte la fatal visita. Cómo nadie me pidió permiso para llegar a este mundo, quién te crees que eres para que en nombre de Dios puedas decidir por mí, cómo y cuándo tengo que salir de él.

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