Casacentrismo by Capitán Hipócrita

calle san juanFoto: Raúl Casal
«Todo por el pueblo, pero exclusivamente para el centro.«

Recuerdo de pipiolo, cuando aún era Cabo en esto de los usos del lenguaje hipócrita, los acalorados debates sobre la mediocre línea fronteriza en la que había quedado nuestra aldea tras la susodicha segregación. Entre los callejones minados de cacas de perro y coches mal aparcados todavía resuenan los ecos de las mil y una hostias que recibió el bueno de Paco con o sin razón. Acusado de oportunismo y traición, por una presidencia en la diputación, finalmente se retiró sin pasar por el paredón. Pareado mediocre y chascarrillos aparte, hoy quisiera abordar con todos vosotros de manera más sencilla un secretillo a voces.

            Los avatares del destino y la falta de agallas políticas han originado la formación de una implacable organización de comerciantes avariciosos que desearían retrotraer las fronteras de nuestra aldeíta hasta la de los años sesenta. Os lo refresco, allá cuando el pueblo empezaba en Polvarea y finalizaba en la Posada del Tuerto Vela. Según la rumorología popular a este grupo “mafiosillo” no le tiembla el pulso a la hora de coaccionar al consistorio local o a las diferentes asociaciones. Con el propósito de que mayoría de festejos populares sean programados dentro de sus límites imaginarios. Tanta es su influencia que han conseguido que algunas celebraciones sean parcialmente financiadas por negocios “extrafronterizos”. Aunque estos no lleguen nunca a percibir el más mínimo beneficio.

Todo por salvar al centro histórico que ya dejó de ser el económico. Todo para darle un poco de alegría a un epicentro cada vez más repleto de casas abandonas. Todo por el pueblo, pero exclusivamente para el centro. Todo, todo y todo por llenar de felicidad los abultados bolsillos de unos pocos a costa de muchos. No resulta necesario realizar un estudio pormenorizado para caer en la conclusión de que al consistorio local le falta la suficiente valentía para ejercer su función moderadora.

Espero que en el próximo pleno el Generalísimo Hipócrita no llore demasiado por mis palabras. Le solicito encarecidamente que utilice su valioso tiempo en reconocer que carece de un proyecto sólido, iniciativas y de que se encuentra rodeado de un equipo donde abundan los trepas y algún que otro mentecato o mentecata. Ante semejante panorama, queridísimo alcalde, sólo le queda poner el trasero y repartir chupetes a los más llorones de la guardería.

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