Opinión | Cerebros blanditos

NoNo es tarea fácil educar jóvenes; adiestrarlos, en cambio, es muy sencillo.

Rabindranath Tagore

Supongamos que de la noche a la mañana me convierto en tertuliano de algún medio de comunicación. Todos sabemos que para ello uno puede no tener excesivos méritos o capacidades, si acaso ser famoso por algo, aunque sea matar animales a sangre fría. Pero sigamos. Invitado a la radio o la televisión en un programa de debate, un periodista que hace las veces de moderador me pregunta por la actualidad del día, mezclado a su vez con noticias antiguas que interesa seguir contando. Un día puede ser la inflación, los flujos migratorios, el gobierno socialcomunista y separatista o la inteligencia de las urracas. Llegados a esa silla, todo lo que se me pide es que de mi opinión sin salirme del guión, pues ya he visto que si opino distinto de lo recomendado no me vuelven a llamar. Así que manejo con recursos de malabarista callejero los argumentos y las palabras para opinar sin que se note mi estulticia y mi poca vergüenza, de tal manera que salgo airoso una y otra vez sin importar que lo que diga sean auténticas estupideces, que mienta a sabiendas de que lo hago, o que simplemente me dedique a insultar a los que me han señalado como enemigos de España negándoles la inteligencia de la que si hacen gala las urracas. Todo para no perder mi silla desde la que vocear como si fuera una lata vacía.

Esto que podría parecer un chiste, ocurre a diario en los grandes medios de comunicación de este país con la connivencia de muchos periodistas que deben sus plumas y sus opiniones a los dueños de su medio. Algo que por otro lado es totalmente lícito, pues casi todos nos vemos forzados a vendernos por un salario. Pero es así como el mal llamado cuarto poder fomenta sin escrúpulos que se haga un uso torticero de sus medios para difundir bulos y campañas destinadas a oscuros intereses políticos, a sabiendas de que con ello solo erosionan nuestra endeble salud democrática, lanzándose a una lucha partidista para alcanzar sus objetivos sin hacer prisioneros y caiga quien caiga.

Y luego están las redes sociales, el otro gran estercolero en el que se está llevando a cabo otra batalla sin descanso. No importa que no consumas periódicos o no hayas visto un noticiario de televisión en años, a tu teléfono te llegan sin descanso los ecos de una guerra cultural por manejar el relato, un relato que jamás van a contarte en su totalidad, pues solo buscan alienarte y ganarte para su causa. Hoy en día mucha gente usa las redes sociales para informarse y cargar su argumentación con ideas sacadas a toda prisa que se consumen con la misma rapidez. Miles de capturas de pantalla de titulares sensacionalistas y gruesos te dan la noticia hecha sin que tengas la necesidad de leer el contenido o contrastar otras fuentes, o simplemente  de ejercitar tu pensamiento crítico. Miles de memes y bulos inundan las redes sociales buscando confundir y crear estados de opinión. Hoy, cuando lees una noticia en cualquier red social, lo menos importante son los hechos, el contexto pasa a ser algo superfluo, y lo verdaderamente inútil es la veracidad de esos hechos. Si con ello se puede sacar un mensaje que ayude a desprestigiar al contrincante, todo vale. Y es ese ‘todo vale’ el que pone en peligro la sociedad en la que vivimos.

La Sexta Noche

Porque, y aunque resulte molesto e inapropiado decirlo, hay demasiada gente con el cerebro blandito al que tales mensajes les traspasan como el hierro candente en la cera, dejando un destrozo considerable. Gentes con poca enjundia en su pensar y menos conexiones sinápticas que el AVE de Extremadura. Esto, que dicho así puede resultar hasta gracioso, tiene en su fondo un peligro real y perceptible apenas fuerces a determinados individuos a usar su pensamiento. Si a esos cerebros blanditos, poco acostumbrados a manejar, comprender y criticar la información que reciben, les vas soltando consignas simples y directas, con mensajes que apelen a sus sentimientos atávicos, dotándolos de una supuesta identidad que no es tal – salvo que en el borreguismo den carnet de militancia- y echando de paso la culpa de tus males a quienes se te permite odiar y despreciar porque no comparte tus valores e ideas, resulta que de pronto tienes una masa informe repitiendo las mismas consignas como loros amaestrados.

Todo esto no es nuevo, si acaso se repite cambiando un poco sus ropajes y escudándose en un neoliberalismo de mierda que solo aspira a venderte la idea de que eres libre mientras te exprime la vida haciéndote pagar hasta por respirar. No, no hay nada nuevo bajo el sol.

Los sembradores de odio y confusión han existido siempre. Los engañabobos y los listos también. Y para nuestra desgracia, la infinidad de cerebros blanditos que se tragan sus cuentos como pastillas para dormir, también. Todo está tan lleno de mierda que no entiendo cómo las cosas funcionan. Bueno, la verdad es que si lo sé. Nuestro sistema social y político, basado en la corrupción sistémica, tienen la culpa de que la desvergüenza y la impunidad campen a sus anchas sin orden de arresto.

A poco que han notado un viento que les viene a favor, los de siempre han envalentonado sus discursos y proclamas negando con saña lo que un día tuvieron que admitir a regañadientes. Ya no se esconden, odian dar libertades y derechos salvo a sí mismos, como odian subir los sueldos de los demás salvo los suyos, que siempre aumentan, y preferirían retroceder a tiempos que ni vivieron y que a golpes de ignorancia idealizan; odian a las mujeres porque se saben inferiores a ella; odian a quienes hacen con su vida una expresión de libertad, sea sexual, vital o ideológica; odian lo público porque piensan que es malgastar el dinero de todos procurar una sanidad y educación gratuitas, sobre todo porque pueden privatizarse y sacar unos beneficios a repartir entre los pocos de siempre.

No vienen a arrimar el hombro, porque como jodidos zánganos individualistas no creen en el bien común. Tampoco vienen a proponer soluciones, prefieren llegar al poder, esa es su única meta. Hay un auge de la ultraderecha a nivel mundial que traerá aparejada, como una mala fiebre, la pérdida de derechos por los que mucha gente luchó y dejó su vida.

Pero esos malnacidos no me sorprenden, siempre estuvieron ahí. Me cabrean mucho más todos esos cerebros blanditos que haciendo de su capa un sayo compran, difunden y hacen suyas unas ideas que por encima de cualquier otra cosa van en contra de sus propios intereses. Por mucho que se engañen diciendo que solo ellos defienden lo que de verdad importa: la patria, las tradiciones, el orgullo nacional… o sea, lo que no te llena la nevera ni hace que tu día a día sea  mejor.

A todos nos ampara el derecho a tener y defender nuestras propias ideas, aunque sean las de otro y ni siquiera las cuestionemos. Pero cada día que pasa tengo más firme una convicción, una inquietud que ya no me deja mirar hacia otro lado. No voy a respetar ideas de mierda o argumentos falaces que busquen sembrar odio y discordia. No voy a respetar ideas que atenten contra la dignidad humana en cualquiera de sus formas. A esos cerebros blanditos les respeto por encima de todo, y sería el primero en defender su dignidad si les fuese atacada. Como hombre de fe, jamás la he perdido en el hombre y sus posibilidades. Sin embargo, se acabó el tiempo de respetar ideas de mierda y argumentarios asesinos solo porque quienes las defienden creen que ellos son sus ideas. Ese tiempo pasó.