Opinión | Cuentos

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos

León Felipe

Llevo algún tiempo sin aparecer por esta ventana en la que alguna que otra vez metí mi prosa bana llena de juegos e ideas sacadas de aquí y de allá, procurando siempre no hacerme notar más de la cuenta. Los motivos de mi ausencia han sido varios, el principal, una pérdida de la que aún ando renqueante, y otra, el secarral en que de pronto se convirtieron mis ganas de escribir. A veces no saber qué decir es casi una bendición. Y nada es más cierto que aquello de que somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras.

Por eso hoy de nuevo me asomo a vuestra ventana, a ponerme los grilletes de mis palabras, aherrojarme con sustantivos y trabar con adjetivos las torpes piernas que me sustentan.

Todo se debe a que últimamente ando como hastiado de que a fuerza de tantos acontecimientos funestos, el miedo se haya convertido en una especie de pasajero molesto que no nos deja estirar las piernas porque ha echado demasiado para atrás su asiento, dejándonos justo el espacio para, sin estar incómodos, no poder sentirnos a gusto.

Y esa incomodidad, de la que rara vez somos conscientes, acaba provocando la percepción de que nada de lo que nos ocurre estuviera en nuestras manos. Que fuerzas que desconocemos manejan a su antojo los avatares de nuestra existencia. Ya sea por un virus, la inflación o los prolegómenos de una guerra mundial, el mundo no parece moverse en coordenadas humanas que tú y yo podamos entender. Nuestra única función parece ser la de meros espectadores que solo contribuyen a que la rueda del mercantilismo siga girando, sin importar las consecuencias ni las salvajadas que se encubran. “Es el mercado, amigos”, que diría aquel político de tan nefasto recuerdo.  Con esa endemoniada idea justifican que tu vida se parezca a la de un esclavo cuyas migajas de beneficio se reducen a hacerte creer que eres libre por elegir y comprar bienes de consumo.

Hubo una vez en vuestras tierras gentes que armadas con viejas escopetas decidieron que ya era hora de luchar por su libertad, por la dignidad que toda vida humana merece y el derecho a vivir sin tener que agachar la cabeza. Y allí fueron, a sitiar el cuartel de la Guardia Civil, símbolo de un Estado por naturaleza represivo, que siempre atiende los intereses de las clases dominantes y privilegiadas antes que las del pueblo. Esas gentes valientes, amoratadas de frío y con más miedo que el que pudiéramos tener nosotros hoy en día, se lanzaron decididos a honrar con sus vidas aquella estúpida necesidad que tenemos algunos seres humanos de concebir nuestra existencia en libertad.

Me acuerdo de esos hombres, y de otros miles que desde lo más profundo de la historia siempre gritaron lo mismo: Libertad.  Hombres que no siguieron el camino marcado, hombres que inventaron sus propias circunstancias sin dejarse arrastrar ni imponer nada que socavase su Libertad. Ellos son quienes debieran ser nuestros guías en estos tiempos que algunos se empeñan en oscurecer, queriendo que por nuestra seguridad, dejemos de ejercer aquello que jamás podrán gobernar, nuestra Libertad.

Hay demasiadas guerras en el mundo, de muchas ni siquiera nos llegan sus ecos, otras son silenciadas y llevadas a cabo por gobiernos que revestidos de democracia, son puros Estados autoritarios. Toda guerra es cruel e injusta, toda guerra es una vergüenza para nuestra especie, empeñada en un auto genocidio donde se sacrifican a los de siempre. Y los de siempre somos nosotros, los que formamos parte del engranaje siempre prescindible e inútil si no sacrificas tu vida al capital para recoger unas migajas que te dan la ilusión de que estás vivo.

No, no me gustan las guerras, ni los conflictos, salvo los míos propios, esos que me ayudan a crecer y asentarme en esta tierra con el orgullo de pertenecer a una especie en la que aún creo, y en cuyas posibilidades jamás dejaré de creer. No me gustan las guerras, por eso jamás contarán conmigo para luchar bajo ninguna bandera, ni para defender los intereses económicos de unos pocos cuyas vidas siempre estarán a salvo tras las mesas de sus despachos. No me gustan las guerras, ni los estados, ni los ejércitos, ni el capitalismo cuya tiranía masacra a millones de seres humanos silenciosamente después de haberles convencido de que entreguen sus vidas como si dispusiesen de otra. Habrá quien me llame loco, idiota, utópico o cualquier otro epíteto que le venga bien. Yo vivo inmerso en el sistema, y asumo mis contradicciones y mi falta de valor, y a pequeña escala, hago lo que puedo por revelarme. Tirar mis argumentos y mis ideas es fácil, pero no escribo para convencer a nadie.

Pero si me preguntan, diré que mi sangre es roja y negra, que mis deseos son la libertad y la realización humana por encima de los condicionantes y las extorsiones del sistema capitalista. Qué tengo la rabia de los oprimidos y los vencidos, que llevo a cuestas el dolor de los masacrados y los olvidados. Si me preguntan, les contestaré con versos de León Felipe: “ Yo no sé muchas cosas, es verdad, /pero me han dormido con todos los cuentos, / y sé todos los cuentos”.

Hoy que todo parece confluir hacia una locura fratricida entre potencias nucleares, este viejo anarquista de tres al cuarto no quiere ni matar ni morir por ninguno de sus estúpidos conflictos, ni por defender los intereses económicos de nadie. Una guerra más es solo una desgracia para un pueblo inocente, y una vergüenza para el resto de los seres humanos.

Pero en el fondo es solo un cuento más con el que dormir al hombre para que no despierte.

Opinión | ¿Es el fin de las vaquillas?

No pensaba escribir sobre esto ni sobre nada en absoluto, pero anoche mientras escuchaba la chirigota de los Yesterday de Juan Carlos Aragón me acordé de Salus. Estoy seguro de que a estas alturas ya tendríamos un post de los suyos agitando el avispero con el asunto de las vaquillas. Como no soy él, antes que nada, me gustaría encomendar mi alma a la divina providencia para que el posible vapuleo no me deje hecho un guiñapo. “El que no llora no mama”, decía el maestro, a lo que le sumo con su permiso “el que calla, otorga”, y como la cosa no está para otorgar gratuitamente, allá va mi reflexión.

Desde hace una década, probablemente más, cada año la celebración de la Fiesta de la Independencia o “las vaquillas”, como es comúnmente conocida, ha sido objeto de polémicas e innumerables controversias. Todas estas casi siempre han girado en torno al aumento de los excesos de alcohol y drogas, los desórdenes públicos y la suciedad generada en pleno casco histórico. Hay quienes opinan que dicha celebración ha sufrido una progresiva degeneración desde la primera década de los dos mil. Argumentando que en sus comienzos este evento no padecía la masificación de los últimos años, la cual señalan, acabó con el inicial espíritu integrador de la población local. Los más críticos acusan directamente al ayuntamiento de ser cómplice de la negativa deriva que poco a poco había tomado la festividad.

Lo cierto es que la predisposición al “botellón” entre los más jóvenes no es un problema exclusivo de la Fiesta de la Independencia. Más bien se trata de una tendencia en casi todos los festejos de nuestra geografía nacional en las últimas décadas. Igualmente es conveniente destacar que algunas localidades colindantes con eventos parecidos como Vejer de la Frontera o Paterna de Rivera prohíben el consumo de alcohol en la vía pública o al llamado botellón. Aunque esta medida no evite en absoluto dicha práctica entre los más jóvenes y no tan jóvenes.

Siendo pragmáticos con lo acaecido hay que reconocer que el consistorio se ha atrevido a hurgar en aquello que hasta hace muy poco parecía intocable. La propuesta es muy valiente, aunque las formas parezcan bastante peregrinas. Una vez descorchado el tapón y tras regarse un poco de bilis por el suelo iniciemos el debate y hablemos de TRANSFORMACIÓN. No nos excusemos en la pandemia la cual nos tiene a todos hasta las mismísimas narices. Tampoco se debe menospreciar este asunto, ya que tras dos duros años de restricciones de toda índole, la población se encuentra en su derecho de reclamar una buena bacanal donde ahogar las penas del desamparo y la merma de expectativas que ha dejado la crisis sanitaria tras de sí.

Sin entrar en más detalles les presento una serie de alternativas que, por norma general, han sido propuestas por los vecinos de diferentes ideologías en las distintas tertulias en las redes sociales a lo largo de los años:

  • ¿Toros sí, botellón no?
  • ¿Verdaderamente es vital la suelta de reses por la vía pública para la pervivencia de la fiesta? ¿O puede ser lo mismo o mejor sin ella?
  • ¿Sustituir la tradicional fiesta por otro tipo de festival en otra ubicación del municipio?
  • ¿Defender el festejo a toda costa?
  • ¿Acabar con la Fiesta de la Independencia tal y como la conocemos por actos culturales en conmemoración de la segregación con Medina Sidonia?
  • ¿Confeccionar un formato hibrido entre suelta de novillos en el centro y la organización de otros eventos en diferentes enclaves de la localidad?
  • ¿Exportar íntegramente el formato actual al recinto ferial realizándose la suelta de reses en una plaza portátil, como así se hace en otros municipios andaluces?                                                                                      

El propósito es que a partir de estas premisas se motive un debate respetuoso y razonable donde se manifiesten todos los pros y contras de esta festividad con el fin de concebir una posible alternativa viable con miras al futuro. No resultará beneficioso para el bien común un cambio o transformación de este acontecimiento social contando solo con la participación y beneplácito de algunos actores económicos del municipio. Los cuales se limitarán a defender aquella postura más ventajosa para sus intereses.

Si tanto importa el devenir de esta celebración se debería exigir a la institución local más transparencia con sus verdaderas intenciones y una más que razonable justificación. Sin escudarse en excusas COVID. Sería primordial tener en cuenta a todas las partes por igual en vez de establecer medidas “para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Relato | Comportamientos convencionales (parte 2)

Leer parte 1 antes de comenzar

Ha llenado la copa hasta arriba de vino tinto, ese tan bueno que les regaló su suegro las pasadas navidades y que Christoph insistía en reservar para alguna ocasión especial. Desde la barra de la cocina, donde está sentada en un taburete, escucha como se abre la puerta de la entrada y oye la voz de Christoph hablando y una voz dulce que le responde. Entra en la cocina con Ürsula la de los ojos verdes, aquella arquitecta tan estupenda que trabaja para él, de la que tanto admira las cúpulas bulbosas al estilo de los templos ortodoxos con las que remataba sus edificios y de la que tanto hablaba hacía un año hasta que Christina la vio en una foto de la cena de empresa en la que reía exageradamente agarrada al brazo de Christoph, y le inquirió señalando el pecho de ella, si aquellas eran las cúpulas bulbosas que tan inspiradoras le parecían. “Hola cariño. Te he puesto un Wasap para avisarte de que he invitado a Ürsula a cenar, pero no te ha llegado. Ulrich también viene de camino, su vuelo de Portugal acaba de aterrizar. Queremos celebrar que hemos ganado el concurso para construir la nueva ópera de Lisboa. Según Ulrich, la imagen de las cúpulas de Ürsula sobre mis férreos muros ha sido definitiva para que nos den el proyecto. Dicen que le aportan sensación de movimiento y una acústica extasiante”.

Christina mira la escena boquiabierta. Ni siquiera ha sido capaz de contestar como corresponde al saludo de la invitada. Christoph sirve dos copas de vino más y rellena la de su mujer mientras la mira con gesto contrariado al darse cuenta de que ha abierto la botella que les regaló su padre. Después, mientras sigue hablando con emoción de su proyecto, coge unos muslos de pollo de la nevera, algunas verduras, un bote de salsa de soja, el cuchillo grande con el que le gusta trabajar en la cocina y los sitúa sobre la encimera. Está a punto de empezar a cortar cuando recuerda que ha olvidado algo. Abre el segundo cajón bajo la vitrocerámica y saca un delantal con estampado de pata de gallo. Se lo pasa por la cabeza y le pide a su mujer que se lo ate a la espalda. Christina sigue sin palabras e inmóvil y ante su pasividad, Christoph suspira y pide a Ürsula que se lo ate ella. Christina ve como la compañera de su marido, le roza el culo desnudo al hacer el nudo. Siente con extrañeza cierto sentimiento de alivio o de menor incomodidad, al ver que ahora al menos, con el mandil, su cuerpo está tapado por delante.

Christina sigue algo abstraída durante la cena. Apenas contesta con monosílabos cuando los otros dos tratan de involucrarla en la conversación. Christoph incluso aprovecha que Ürsula va un momento al baño para preguntarle si todo va bien, que la nota ausente, pero Christina es incapaz de verbalizar el motivo de su incredulidad. En un momento determinado, suena el timbre y Christina se adelanta a su marido para abrir ella. “¡Christina! ¡Me alegro mucho de verte! ¡Supongo que ya te habrá contado Christoph!” “Ulrich, espera, tengo que decirte algo” dice ella agarrándolo por la muñeca y sosteniéndolo en el alféizar. “No sé qué le pasa a Christoph, está… no sé cómo explicarlo, será mejor que pases y lo veas tú mismo. Llevo desde ayer como si estuviera en una pesadilla de la que no puedo despertar”. Ulrich, inquieto, pasa rápidamente al comedor. No hace falta que nadie le indique el camino en esa casa donde ha pasado tantas veladas con su amigo de la universidad y ahora socio y su mujer. Christoph se levanta para abrazarlo mientras Ürsula aguarda su turno con una sonrisa, pero Ulrich frena en seco a su amigo y lo mira de arriba abajo con cara disgustada. “¿Qué te ocurre, Ulrich? ¿Acaso no estás contento?” “Claro que estoy contento, pero antes de las celebraciones quiero una explicación.” “¿Qué tengo que explicar?” “Me parece mentira que no lo sepas, Christoph. ¿Pero en qué maldito mundo vives?” “De verdad, que no te estoy siguiendo” “Ürsula, ¿tu no has notado nada?” Ürsula enrojece y mira a su plato sin querer intervenir en la discusión de sus dos jefes. “Quiero que me expliques ahora mismo por qué Christina me ha abierto la puerta desesperada. ¿Qué le has hecho, Ulrich? ¿Acaso tu éxito te ciega y no eres capaz de darte cuenta de que tu mujer está mal?” “Ulrich tranquilízate. Es cierto que lleva un poco rara desde ayer pero no le he dado la menor importancia. ¿Cariño te pasa algo?” Con una voz dubitativa y entre náuseas, responde. “Sólo estoy un poco mareada. Enseguida vuelvo”. Christina va al baño y reprime unas arcadas en la taza del váter. En lugar de vómito, son lágrimas lo que salen de su cuerpo. Lanza el vaso con los cepillos de dientes y el dentífrico contra la bañera y estalla en mil pedazos. Se mira en el espejo, se seca las lágrimas y se echa un poco de agua en la cara antes de volver al comedor.

Cuando vuelve, los tres arquitectos dejan la conversación para mirarla e interesarse por su estado. Christoph se levanta y le da un beso en la frente. “¿Todo bien?” Christina le dice que sí, pero está petrificada y no para de temblar. Se sienta en la mesa. Frente a ella, el cuerpo desnudo de Ulrich, más fofo y arrugado de lo que lo recordaba, cuando se acostó con él al poco de empezar con el que pronto sería su marido. De su pene, pequeño y flácido, apenas sobresale la punta envuelta en el prepucio por encima de un descuidado vello púbico. A su lado, mirando de soslayo, sus ojos sólo pueden enfocar las dos enormes cúpulas bulbosas terminadas en penachos rosados y puntiagudos, exactamente igual que las que ha diseñado para coronar los edificios de su marido por toda Europa, iguales a los de la maldita catedral de San Basilio que la saluda desde una de las fotos de su luna de miel en Moscú que tienen en la estantería.

La conversación discurre por unos derroteros que Christina no es capaz de precisar ya que las frases pasan delante de ella como las escenas de una mala película que no deja huella. Tras unos minutos de fingir atención, risas por una anécdota que cuenta Christoph y varios brindis por el éxito de los arquitectos que acaban con gotas de vino manchando el mantel, Christina se excusa con que está indispuesta y se levanta para ir a su habitación. Los demás muestran resistencia, se oponen jugando la carta del chantaje emocional, que hace mucho que no se ven, que le vendrá bien para relajarse, que tiene que celebrar con ellos el éxito. Incluso Ürsula, animada por el alcohol, se levanta y la abraza, presionándola con todo su cuerpo envuelto en una piel desnuda, suave y odiosamente tersa y le pide que se quede con una voz dulce que contrasta con la aspereza de su aliento. Finalmente se zafa, sube las escaleras y se mete en la cama, arropada hasta la barbilla. Abre su libro por el marcapáginas, necesita un poco de cordura para despejar sus ideas, pero no es capaz de concentrarse. Las voces y las imágenes se agolpan en su cabeza. Lo deja. No puede dormirse, así que enciende la tele de su dormitorio. Una entradilla anuncia el noticiario de las 9 de la noche. A Christina se le cae el mando de la cama que rebota contra la alfombra con un ruido sordo. El presentador de las noticias está hablando de las víctimas de un atentado en el metro de Bruselas, pero Christina no atiende a sus palabras. Lo único que puede ver es que el periodista está desnudo, igual que la corresponsal que habla desde las calles de la capital belga, delante de un cordón policial. Christina grita con todas sus fuerzas y aún no ha terminado de salir el aire de sus pulmones cuando Christoph entra corriendo en la habitación.

“Le digo doctor que me encuentro bien, estoy tranquila. He estado muy estresada últimamente y supongo que habré imaginado cosas, habré visto visiones, se me habrán mezclado los sueños con la realidad. Pero estos meses aquí recluida me han sentado bien. Estoy lista para volver a mi casa y a la universidad, para recuperar mi vida. Tengo muchas ganas de volver a ver a mi marido”. “Estoy de acuerdo con usted señorita Christiansen. Voy a darle el alta inmediatamente. Por favor, firme aquí”. Christina coge el papel que le pasa el psiquiatra y lo firma. Sonríe. No porque por fin vaya a poder salir del sanatorio, sino porque el lunar que el doctor tiene en la ingle rasurada, le recuerda al que su marido tiene en el culo

Opinión | El dedo de Fernández Díaz

 No pocos llegamos a creer que dada su condición opusiana en la que la obediencia debida y la lealtad al superior son rasgos distintivos e incuestionables le llevaría a asumir el marrón de la Operación Kitchen de forma sumisa y abnegada.  

La supuesta profunda fe cristiana que dice profesar y siendo de misa y confesión diaria no le sirvió para que se saltara todos sus principios éticos y morales habidos y por haber al frente del Ministerio de Interior del Gobierno del PP de Rajoy, al menos en lo que concierne a la llamada Operación Kitchen. 

El juez de la Audiencia Nacional, García-Castellón, exculpando a Rajoy y Cospedal de toda responsabilidad en calidad de presidente del gobierno y secretaria general del PP en esos momentos, ha procesado a Fernández Díaz en el asunto, entre otros mandos de Interior y Policía, al entender que el ex ministro se encontraría en la cúspide de lo que describe como una estructura delictiva ideada para espiar a Bárcenas y su entorno, usando para ello recursos policiales -incluidos fondos reservados- a fin de localizar la información sensible que pudieran tener sobre el PP y sus dirigentes para evitar que llegara a manos de la Justicia. Para ello, el exministro presuntamente organizó un dispositivo de vigilancia a la mujer de Bárcenas, Rosalía Iglesias, en el que participaron decenas de agentes y que controló sus movimientos al menos entre el 25 de julio de 2013 y el 12 de febrero de 2014.

Fernández Díaz al ver como Rajoy y Cospedal se van de rositas, olvidando su condición opusiana ha decidido que él solo no se come el marrón y ha recurrido la decisión del magistrado de la Audiencia Nacional de procesarle por la Kitchen, mediante un escrito en el que no solo no niega la existencia del operativo ilegal, ni que tuviera participación en él, sino que sitúa a Rajoy, Cospedal y Sáenz de Santamaría presuntamente en el origen del mismo, ya que entre el material existente examinado están perfectamente identificados.

El exministro alberga la esperanza de que su recurso prospere y se le desimpute porque termina diciendo que no existen motivos para sostener por más tiempo su imputación con riesgo de someterle injustificadamente a una ‘pena de banquillo’ adicional a la ‘pena de telediario’ que ya ha sufrido.

Hay quien quiere ver, al hacerse público el recurso presentado, como un mensaje inequívoco y directo a Rajoy, Cospedal y Sáenz de Santamaría. Si ninguno de los citados no mueve piezas e influencias para evitar su procesamiento definitivo por las vías que sean, no será el único que al menos se coma la pena de banquillo adicional a la de telediario por venir.

Fernández Díaz, según el juez instructor, cometió serios delitos al instigar o permitir el operativo ilegal, poniéndose su ética y moral cristiana por montera, ahora, pierde todo decoro instando subliminalmente a que le salven del lío en el que está metido, de lo contrario, a lo mejor, alguien saca a luz el contenido de algo de lo sustraído supuestamente a Bárcenas.

A lo mejor, la no renovación del Consejo General del Poder Judicial es lo que le pueden ofrecer por ahora, algo que no debe contentar del todo al ex titular de Interior y de ahí su iniciativa. En cualquier caso, sin dejar de mirar el dedo que señala, es bueno que se mire hacia donde señala. Atentos. 

Opinión | La justicia; un cachondeo que no cesa

El descrédito de la justicia a cualquier nivel no es una apreciación subjetiva, todo lo contrario. Desde la más alta magistratura, Tribunal Constitucional (TC), hasta el más recóndito y anónimo de los juzgados de Primera Instancia e Instrucción pasando por el Tribunal Supremo, Audiencia Nacional, Tribunales Superiores de Justicia, Audiencias Provinciales resoluciones tras resoluciones o sentencias judiciales provocan escepticismo, hilaridad y hasta sonrojo entre la mayoría de los ciudadanos.

Una justicia que dependa del juzgado, tribunal o del juez o de ante mano se sepa la resolución judicial o sentencia según en qué instancia judicial se dirima la causa, poco tiene que ver con la justicia y sí mucho con la discrecionalidad o con el pensamiento ideológico o moral de quien debe aplicar la justicia. Aquel juez o componentes de un tribunal que antepongan sus convicciones políticas, ideológicas o morales a una aséptica interpretación de la norma a la hora de dictar sentencia se descalifica como tal y deben ser irremediablemente apartado de la judicatura. Con esto no estamos impidiendo que los jueces tengan convicciones, sino que dichas convicciones no pueden ni deben influir en sus sentencias y resoluciones judiciales.  

A todo esto, hay que añadir que la secular falta de inversión en la administración ha incrementado un problema endémico en nuestro sistema: la lentitud de la Justicia, ocasionando sobrecarga de trabajo de los Juzgados, que lleva a algunos de ellos a una auténtica situación de colapso. 

Existe una aparente contradicción entre la necesidad de celeridad y eficacia de la justicia, y la necesidad de defensa y garantías de los acusados. Ante esta contradicción se extiende el clamor por la reforma de las leyes. 

Conocida es la afirmación del presidente del Tribunal Supremo en el sentido de que las leyes que regulan los procesos penales en España están previstas para los “robagallinas”, pero no para los grandes defraudadores. Para estos casos suele pasar hasta más de diez años desde que cometieron los hechos delictivos hasta que la condena ha sido firme.

Frente a la corrupción, frente a los delitos complejísimos de los que no roban gallinas, se suele pedir mayor rigor, más penas. A ese tipo de delincuentes lo que les frenaría no es la severidad de las penas sino la certeza de su aplicación. Delinquen convencidos de que, si son descubiertos, sus bien retribuidos defensores alargarán el proceso hasta el infinito y que, finalmente, podrán eludir los rigores de una condena efectiva.

Si los doctos letrados y de supuesto reconocido prestigio componentes del Tribunal Constitucional tardan más de 16 meses en dictar sentencia en relación con recurso presentado de inconstitucionalidad acerca de ciertos aspectos del Estado de Alarma, sabiéndose de antemano el resultado 6 a 5 de los letrados componentes del máximo tribunal, refleja meridianamente lo anterior dicho. Del mismo modo, no se puede entender que sobre la misma causa, esto es, sobre la petición de toque de queda por las administraciones autonómicas, tengan resoluciones dispares en los Tribunales de Justicias autonómicos, sabiéndose cuál iba a ser la resolución en función de la adscripción política de los jueces que componen dichos tribunales.

Cabe terminar afirmando que, para colmo, la justicia no es igual para todos y en nuestro país hay ejemplos que así lo demuestran y no hay mejor forma de mostrarlo con el pensamiento de aquel filósofo griego: “Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales”. En este sentido hay que entender que la hermana del rey se salvará de una condena que la llevará a la cárcel como a su marido, que al rey emérito no se le haya procesado por delito alguno en nuestro país y, más recientemente, que un juez de la Audiencia Nacional tras escuchar las conversaciones grabadas del excomisario Villarejo no encuentre motivo para imputar a Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal en el llamado caso Kictchen, por ejemplo.

Todo ello, hace aumentar entre los ciudadanos la creencia de que la Justicia es un cachondeo donde se dirimen otros asuntos ajenos a las causas que se traten y de ahí las resoluciones tan dispares y contradictorias, en la que jueces de manera arbitraria suelen volcar sus convicciones ideológicas o morales y en la que el principio de que todos somos iguales ante la ley brilla por su ausencia. 

Lo dicho, un cachondeo que no cesa.

Opinión | Pobreza y exclusión social silenciadas

Hace unos días Cruz Roja española ha presentado un informe bajo el epígrafe La crianza en la Primera Infancia’. Dicho informe estudia y analiza la vulnerabilidad social de las familias con hijos de 0 a 6 años atendidas por la organización y el impacto que la COVID-19 y los distintos factores de riesgo en los ámbitos de empleo, ingresos, salud, vivienda, redes de apoyo, acceso a la protección social, etc. tienen en la crianza.

El estudio establece que la situación ha empeorado sustancialmente respecto a antes de la pandemia, ya que el 55% de las personas atendidas están en situación de desempleo y cerca del 40% de los hogares tiene a todos sus miembros en paro. El 90% de las personas que tienen empleo son trabajadores pobres. El 96% de los hogares está en riesgo de pobreza y exclusión social y el 54% experimenta privación material severa. Además, el 83% de las familias está en situación de pobreza extrema y tres de cada cuatro hogares no pueden asumir gastos de salud de sus hijos e hijas como gafas, audífonos o copagos.

Por otra parte, el 31,3% no pueden permitirse una comida con proteínas 3 veces en semana, y el 52,2% experimentan pobreza energética.

En relación a la protección social, cabe destacar que el 10% de las familias no recibe ninguna ayuda de tipo económico. El 42% percibe prestación por hijo a cargo. La sustitución de esta prestación por el Ingreso Mínimo Vital no está siendo automática (lo que genera gran vulnerabilidad). Solo el 15,3% es beneficiaria del bono social, lo que pone de manifiesto las barreras de acceso a las medidas de protección contra la pobreza energética.

Este demoledor informe ha pasado de incógnito para los políticos, porque unos están enfrascados en justificar los indultos y los otros en utilizarlos para erosionar al gobierno con este asunto. La Agenda 2030 no terminar de llegar ni plasmarse y anuncia un mundo feliz para el 2050, pero proponiendo más de lo mismo.

Por su parte, la derecha, en sus tres versiones, ajena a esta preocupante situación social, encuentra motivo en el tema de los presuntos indultos a los presos del procés para movilizarse y anuncia una reedición de la foto de Colón porque con el mayor cinismo dicen que pone en riesgo la convivencia, la paz social, la justicia y la propia Constitución.

Sin embargo, en la demoledora realidad social que dibuja el informe de Cruz Roja no encuentran ocasión para una movilización, porque no apreciarán que con esta situación ponga en riesgo esa  paz social ni el cumplimiento de esa Constitución que tanto dicen defender, ni tan poco los acuerdos internacionales en materia social suscritos por nuestro país.

Sin entrar en más profundidad en relación con los derechos sociales del texto constitucional le tenemos que recordar que el artículo 1.1 define literalmente a España como un Estado social y democrático de Derecho. Avergüenza sobremanera que, para tantas familias, tantas personas y tantos niños, el texto constitucional sea tan solo papel mojado y sea utilizado como arma política arrojadiza de unos contra otros.

Tampoco los medios de comunicación han encontrado espacio entre tanto debate sobre el indulto y la movilización de la derecha política, para ocuparse del informe de Cruz Roja. El sensacionalismo de los indultos debe vender más que reflejar una preocupante realidad social, olvidándose que tarde o temprano esta realidad terminará explotando y entonces sí ocuparán portadas y espacios televisivos en los que concienzudos contertulios analizarán las consecuencias, pero sin tener en cuentas las causas.

Opinión | El tiempo

El Tiempo

Una vez un amigo me confesó su gran secreto sobre el tiempo. Me dijo: “si haces como que no lo ves, si no atiendes sus llamadas ni dejas que te gobierne, el tiempo, amigo mío, no existe”. Tan convencido estaba de aquella idea que cuando se murió, lo hizo sin que nos percatásemos de que la vida se le había ido yendo poco a poco desde hacía mucho tiempo.

Coneso que a veces me gusta ignorar al tiempo en memoria de mi amigo, quitarle el poder del que goza con férrea mano manejando mi vida a su antojo. Es entonces cuando le vuelvo la cara cuando me cruzo con él, o me pongo a leer un libro sobre sortilegios y encantamientos, solo para hacerle creer que le ignoro. Pero lo cierto es que él bien sabe que todo mis gestos son chiquillerías, enfados de niño caprichoso que imagina que todo debería girar a su alrededor. Porque aunque me guste ignorar al tiempo, él siempre está presto a emboscarme, a prepararme la celada en la que irremediablemente he de caer.

No se puede huir del tiempo, como no se puede no ser tiempo. Somos un tiempo natural, un discurrir y un devenir hacia el mismo vientre que nos parió. Muchas veces sueño que mis átomos vuelvan allí de donde llegaron, de las estrellas. Ese tiempo es el de la naturaleza, a cuyos hermosos ritmos debemos someternos. Todo uye sin descanso, y solo lo muerto deja de uir… quizás no haya mejor denición de la muerte, todo aquello que deja de uir está muerto, y no necesariamente sin vida.

Pero ese tiempo con el que nacemos en nuestra sangre, en nuestra piel, es el mismo tiempo que ayudó al hombre a salir de su ignorancia y le hizo preguntarse y soñar, construir el relato y transmitirlo. Ese mismo tiempo que embellecen los poetas y sufren los amantes, del que quisieron contarlo todo los literatos y del que callaron los sabios. Un tiempo como el mío, justo en este instante, en el que lo encierro en estas líneas y lo callo en la siguiente.

Luego está ese otro tiempo que huele a goma y a hollín, que vive en base matemática y que para diluirlo hay que seguir las instrucciones del fabricante: “sálgase del mundo para su completa disolución”. Un tiempo dominante que todos llevamos encima como un adorno, da igual en la muñeca o en el móvil, y que sabes que vas a mirar, cuando esperes o desesperes, cuando llegues tarde o se retrase tu cita, cuando empieza y acaba tu jornada, y cuando te tengas que ir a dormir porque mañana madrugas. Y así, ese tiempo que nos engaña haciéndonos creer que las horas no vuelven y que lo que no hagas hoy no podrás hacerlo mañana, tiene a la gente en un estado de excitación constante, malhumorada y depresiva, porque su tiempo no les da para todo lo que creen que deberían hacer. Como si la vida tuviese una agenda que cumplir.

Ese tiempo que la gente cree que les falta hace que los gilipollas llenen una plaza haciendo botellón al grito de libertad. Pobres, les han escamoteado tanto tiempo en su educación que ya no saben ni lo que signican las palabras.

A ese tiempo de agonías que duran segundos, minutos y horas no logró escapar nunca mi amigo, y aún así, cuando lo pillaba absorto en vaya usted a saber qué, y le preguntaba por donde andaba, siempre contestaba lo mismo haciendo con su dedo en la boca el gesto de callarse: “estoy aquí, escondido, en el único lugar donde no me agarra el tiempo”. Puede que mi amigo sencillamente estuviese loco, y en el mejor de los casos, que fuese un sabio cuya ignorancia lo salvó de la quema por hereje.

Pero gracias a mi amigo aprendí a distinguir los tiempos, a amar uno y a no dejarme aplastar por el otro. Porque el tiempo del reloj, esa cadencia desacompasada que bulle en espasmos de dipsómano, puede que me jalee las prisas,pero nunca podrá obligarme a correr.

Opinión | Cree el ladrón o ladrona que todos son de su condición

La presidenta de la Diputación fue en su día en calidad de alcaldesa precursora de la Sanlúcar del Santo Régimen, por eso, a nadie le debe extrañar que tienda a establecer desde esa institución pública un régimen homologable en la provincia.

Para ser alcaldesa recurrió al apoyo de un partido local-chiringuito y para ser presidenta de la Diputación no dudó en apoyarse en otro partido local-chiringuito.

Para ser secretaria provincial de su partido, como paso previo a asegurarse la presidencia de la Diputación, utilizó a modo de agencia de colocación a dos entes (MMBG y GDR-CN) que posteriormente terminaron por ser disueltos después de acumular millonarias deudas. En ambos entes fueron contratados como técnicos algunos miembros de su partido que no consiguieron renovar su elección como concejal y de esa manera asegurarse la adhesión de los mismos a su causa de conseguir la presidencia de la institución provincial. Al frente del GDR-CN colocó como gerente a una prima de su jefe de gabinete de alcaldía sin cualificación profesional ni experiencia. Su gestión fue un fiasco ya que no presentó ni un solo proyecto. El jefe de gabinete tuvo que dimitir cuando se destapó el caso, y el GDR-CN se tuvo que disolver.

Irene García

La compra de voluntades dentro de la corporación local lo hizo en su periplo como alcaldesa, lo llevó a cabo para ser secretaria general de su partido y ha pensado que nada ni nadie va impedir que lo haga desde la presidencia de la Diputación.

En su primer mandato al frente de la Diputación dio cobertura como personal de confianza en el área de economía y generoso sueldo a quien, siendo ella alcaldesa, tuvo que dimitir porque su empresa fue adjudicataria de un contrato para las escuelas de verano. Nada importó para su adjudicación que fuera incompatible estar contratado como personal de confianza y obtener un contrato de un servicio con el Ayuntamiento. Cuando se denunció el caso, la excusa dada para anular el contrato fue que se había producido una incompatibilidad imprevista desconocida por las partes, que aún se recuerda en la ciudad con incredulidad y sonrojo.

Con este curriculum de utilizar los recursos públicos en provecho propio a quién le puede extrañar que mantengan en la Diputación un batallón de contratados como personal de confianza con el único objeto de dar cobertura salarial para que se dediquen a sus cosas. Entre ellas no se encuentra de dar cobertura técnica en los asuntos de Diputación y sí la de ejercer la oposición con dedicación plena tanto si ostentan la condición o no de concejales en sus municipios de origen y de ahí que ni siquiera aparezcan por la corporación provincial y la de apoyarla en su reelección como secretaria provincial.

Resulta que el actual alcalde de Sanlúcar del Santo Régimen, en su día mano derecha y tan derecha de la presidenta, que colaboró estrechamente en la conformación del régimen imperante en la ciudad y que ahora lo mantiene denodadamente con la anuencia de la presidenta ya que es concejal de esta corporación local, llevó a los tribunales de justicia a IU por considerar que el funcionario de empleo que le correspondía no trabajaba en las funciones propias de secretario del grupo municipal y que no apareció nunca por el Ayuntamiento, salvo el día de la firma de su contrato, considerando que se estaba utilizando los recursos económico del ayuntamiento para asuntos de partido y no en provecho de la ciudad. Algo que IU pudo demostrar fehacientemente que no era cierto y, por ello, la denuncia fue desistida.

El tiempo pone a cada cuál en su sitio, ahora es la presidenta quien esta señalada por el uso perverso de los recursos económicos de la Diputación y el alcalde mira para otro sitio. Y es que el ladrón, o ladrona para cumplir con la igualdad de género, cree que todos son de su condición.

Opinión | Una visita real nada apropiada

Andorra, se quiera reconocer o no, sigue siendo lo más parecido a un paraíso fiscal desde donde se hace una competencia muy desleal gracias a su laxa fiscalidad y la que ha servido para que corruptos de todo pelaje pongan a buen recaudo los fondos obtenidos ilegalmente lejos de la lupa tributaria de nuestro país o que personajes insolidarios fijen allí su residencia para pagar menos impuestos. 

Andorra es un país al que solo se puede llegar para vivir si tienes mucho dinero o con un contrato de trabajo y cuando finaliza este, debes abandonar inmediatamente el país, y en el que para poder trabajar debes pasar un reconocimiento médico previo.

Hay que recordar que es en ese país donde la familia Puyol, entre otros conocidos y afamados corruptos, llevaban los dineros de sus mordidas en bolsas de basuras con toda impunidad, para que desde allí se derivasen a otros paraísos fiscales más exóticos y más herméticos aún.

Hay que, igualmente, recordar que ese país sirvió para que notables personajes de la farándula y conocidos deportistas fijaran su residencia para librarse de la fiscalidad española, mientras eran agasajados y homenajeados como insignes representantes de la imagen de nuestra cultura y deporte.

Hay que recordar también como recientemente, un buen número de jóvenes youtubers y streamers españoles con ingresos multimillonarios han fijado también allí su residencia habitual, para igualmente, acogerse a la escasa fiscalidad andorrana y no tributar en nuestro país. Algo que ahora será muy legal pero insolidario y reprobable a todas luces.

No sabemos a quién se le habrá ocurrido la feliz idea de que los aún Reyes de España visiten El Principado de Andorra, ese minúsculo país pirenaico desde donde con toda permisividad se ha dañado tanto a nuestra economía y en el que se ha dado refugio a tanto delincuentes como a insolidarios y, por ende, se ha dañado nuestra imagen como país.

Tampoco se puede entender que el aún Jefe del Estado haya aceptado sin más esa visita, salvo que se desee mandar un mensaje subliminal a la ciudadanía para quitar hierro a determinados acontecimientos que implican a su progenitor como a otros componentes de su poca ejemplar familia y que se utilice como efecto llamada a nuevos insolidarios.

La monarquía hace aguas por méritos propios y encima no es capaz de vislumbrar las consecuencias de sus actividades institucionales y se muestra con tanto descreimiento como para no entender que esta visita va a servir para que más insolidarios piensen en Andorra como su lugar, no para vivir, sino para la elusión de impuestos.

Si se pretende integrar a ese país en la economía europea y mundial homogeneizando su sistema tributario a los países de su entorno, no es la mejor forma blanqueando su sistema tributario basado más que nada en el dumping fiscal, y la visita real es lo que ha hecho.

Hay quienes, no entendiendo los motivos de la visita, se atreven a conjeturar, que a los mejor es que los monarcas han ido para conocer más de cerca los entresijos de la evasión o elusión fiscal a modo de culturilla general, hay información que nunca ocupa lugar y esta es una de ellas.

Habrá sitios y lugares que visitar mostrando algo de sensibilidad social donde contrarrestar algo el manifiesto declive de la monarquía, como por ejemplo la castigada Cañada Real Galiana, pero no, deciden visitar a un país que ha sido paraíso fiscal y aún es paraíso para la elusión fiscal, tan de moda últimamente.

Premio al rey, premio a la reina, premio a sus asesores y premio al gobierno progresista, si algo han tenido que ver en la elección. Ávidos estamos por conocer los nuevos destinos de viajes oficiales recogidos en la agenda real.

Panamá, Bahréin, Barbados, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, Granada, Guam, Islas Marshall, Macao, Mongolia, Namibia, Palau, Santa Lucía, Samoa, Samoa Americana, Trinidad y Tobago, y Túnez o, tal vez, Albania, Armenia, Aruba, Belice, Bermuda, Bosnia y Herzegovina, Botsuana, Cabo Verde, Islas Caimán, Islas Cook, Curazao, Islas Feroe, Fiyi, Macedonia, Groenlandia, Guernsey, Hong Kong, Isla de Man, Jamaica, Jersey, Jordania, Liechtenstein, Malasia y Labuan, Maldivas, Mauricio, Montenegro, Marruecos, Nauru, Nueva Caledonia, Niue, Perú, Omán, Qatar, San Vicente y las Granadinas, San Marino, Seychelles, Suiza, Serbia, Suazilandia, Taiwán, Tailandia, Turquía, Uruguay y Vanuatu. 

Opinión | Sigue siendo un cachondeo

El cuñado del Rey, Iñaki Urdangarin, obtiene el tercer grado sin haber admitido ni expresado arrepentimiento por los delitos que fue condenado, de la misma manera, los condenados por el Procés salen de la cárcel para hacer campaña, Pablo Hasél va a entra en prisión por supuestos delitos de opinión y unos militares que apelaban al exterminio de quienes no piensan como ellos y exigían al propio monarca que abanderara un pronunciamiento militar contra el gobierno se van de rositas y siguen cobrando sueldos del erario público. Este es el reflejo de la anómala Justicia de este País.

Pablo Hasél

El rapero Hasél entra en prisión, entre otras cosas, por cantar algunas lindezas del emérito que se conocían y se silenciaban y que ahora se saben que son ciertas. Al parecer para la justicia de este país es más peligroso las letras de unas canciones que un grupo de militares, que han tenido importantes responsabilidades en las Fuerzas Armadas, envíen cartas al Jefe del Estado en las que le plantean la necesidad de acabar con un gobierno democrático salido de las urnas.

El código penal, surgido por la Ley Mordaza del PP, que llevará a Hasél a prisión por las letras de sus canciones, gusten más o gusten menos, no es otra cosa que un ataque inequívoco a la libertad de expresión, se quiera justificar como se pretenda justificar en aplicación de una retrógrada legislación y nadie debe entrar en prisión por ello.

No es justo, que quien no cumpla con los requisitos para ello, obtenga el tercer grado valiéndose presuntamente del parentesco que tiene con el Jefe del Estado.

No es justo que por exclusivos cálculos electorales se le permita salir de la cárcel a los condenados a una desproporcionada pena de prisión por el caso del Procés.

No es justo que alguien como Pablo Hasél vaya a entrar en prisión, si nada ni nadie lo evita, por cantar lo que piensa o que alguien tenga que exilarse para evitar esta injusticia como ha tenido que hacer ese otro rapero, Valtonic. Hasél y otros más deben ser apoyados y defendidos cuenten lo que cuenten y fruto de su desesperación culpen a quien culpen de sus males con mayor o menor tino.

Al llamado gobierno progresista le está faltando arrojo y los suficientes reflejos democráticos para poner las herramientas efectivas, más allá del indulto y de lamentar que se den estos hechos, para evitar que injusticias como estas se concreten. De lo contrario, serán cada vez más los que pensemos, que como dijo aquel alcalde jerezano de triste recuerdo “La Justicia es un cachondeo”, a riesgo de ser denunciados y condenados por expresar lo que pensamos en negro sobre blanco, algo impropio de un estado de derecho.

La Justicia deja de ser justa cuando se basa en una legislación que recorta libertades y derechos, de la misma manera, que pasa a ser arbitraria cuando es oportunista. Mucho de ello hay.

¡¡¡¡LIBERTAD PARA PABLO HASEL!!!!