Opinión | ¿Es el fin de las vaquillas?

No pensaba escribir sobre esto ni sobre nada en absoluto, pero anoche mientras escuchaba la chirigota de los Yesterday de Juan Carlos Aragón me acordé de Salus. Estoy seguro de que a estas alturas ya tendríamos un post de los suyos agitando el avispero con el asunto de las vaquillas. Como no soy él, antes que nada, me gustaría encomendar mi alma a la divina providencia para que el posible vapuleo no me deje hecho un guiñapo. “El que no llora no mama”, decía el maestro, a lo que le sumo con su permiso “el que calla, otorga”, y como la cosa no está para otorgar gratuitamente, allá va mi reflexión.

Desde hace una década, probablemente más, cada año la celebración de la Fiesta de la Independencia o “las vaquillas”, como es comúnmente conocida, ha sido objeto de polémicas e innumerables controversias. Todas estas casi siempre han girado en torno al aumento de los excesos de alcohol y drogas, los desórdenes públicos y la suciedad generada en pleno casco histórico. Hay quienes opinan que dicha celebración ha sufrido una progresiva degeneración desde la primera década de los dos mil. Argumentando que en sus comienzos este evento no padecía la masificación de los últimos años, la cual señalan, acabó con el inicial espíritu integrador de la población local. Los más críticos acusan directamente al ayuntamiento de ser cómplice de la negativa deriva que poco a poco había tomado la festividad.

Lo cierto es que la predisposición al “botellón” entre los más jóvenes no es un problema exclusivo de la Fiesta de la Independencia. Más bien se trata de una tendencia en casi todos los festejos de nuestra geografía nacional en las últimas décadas. Igualmente es conveniente destacar que algunas localidades colindantes con eventos parecidos como Vejer de la Frontera o Paterna de Rivera prohíben el consumo de alcohol en la vía pública o al llamado botellón. Aunque esta medida no evite en absoluto dicha práctica entre los más jóvenes y no tan jóvenes.

Siendo pragmáticos con lo acaecido hay que reconocer que el consistorio se ha atrevido a hurgar en aquello que hasta hace muy poco parecía intocable. La propuesta es muy valiente, aunque las formas parezcan bastante peregrinas. Una vez descorchado el tapón y tras regarse un poco de bilis por el suelo iniciemos el debate y hablemos de TRANSFORMACIÓN. No nos excusemos en la pandemia la cual nos tiene a todos hasta las mismísimas narices. Tampoco se debe menospreciar este asunto, ya que tras dos duros años de restricciones de toda índole, la población se encuentra en su derecho de reclamar una buena bacanal donde ahogar las penas del desamparo y la merma de expectativas que ha dejado la crisis sanitaria tras de sí.

Sin entrar en más detalles les presento una serie de alternativas que, por norma general, han sido propuestas por los vecinos de diferentes ideologías en las distintas tertulias en las redes sociales a lo largo de los años:

  • ¿Toros sí, botellón no?
  • ¿Verdaderamente es vital la suelta de reses por la vía pública para la pervivencia de la fiesta? ¿O puede ser lo mismo o mejor sin ella?
  • ¿Sustituir la tradicional fiesta por otro tipo de festival en otra ubicación del municipio?
  • ¿Defender el festejo a toda costa?
  • ¿Acabar con la Fiesta de la Independencia tal y como la conocemos por actos culturales en conmemoración de la segregación con Medina Sidonia?
  • ¿Confeccionar un formato hibrido entre suelta de novillos en el centro y la organización de otros eventos en diferentes enclaves de la localidad?
  • ¿Exportar íntegramente el formato actual al recinto ferial realizándose la suelta de reses en una plaza portátil, como así se hace en otros municipios andaluces?                                                                                      

El propósito es que a partir de estas premisas se motive un debate respetuoso y razonable donde se manifiesten todos los pros y contras de esta festividad con el fin de concebir una posible alternativa viable con miras al futuro. No resultará beneficioso para el bien común un cambio o transformación de este acontecimiento social contando solo con la participación y beneplácito de algunos actores económicos del municipio. Los cuales se limitarán a defender aquella postura más ventajosa para sus intereses.

Si tanto importa el devenir de esta celebración se debería exigir a la institución local más transparencia con sus verdaderas intenciones y una más que razonable justificación. Sin escudarse en excusas COVID. Sería primordial tener en cuenta a todas las partes por igual en vez de establecer medidas “para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Opinión | Alea jacta est

El trabajo histórico requiere de rigor absoluto. Lógico. El historiador debe ser equidistante a la hora de emitir conclusiones. Sensato. Las investigaciones históricas se realizan con el fin de conocer el pasado con la máxima objetividad, apoyándose siempre, en los distintos datos obtenidos. Sentido común.

No se hace Historia para ganar o perder guerras. Tampoco para realizar juicios de valor. Poner, quitar calles o estatuas es una cuestión política. Juzgar es cosa de jueces. El historiador se dedica a recomponer rigurosamente el pasado y a su posterior divulgación científica.

Las novelas históricas no son ensayos. No se puede confundir ficción con Historia. La Historia es una ciencia social multidisciplinar que sigue una escrupulosa metodología.

Si el trabajo histórico ayuda a superar traumas, gracias, pero no es ese nuestro trabajo. El turismo cultural y/o histórico lo fomentan las administraciones y estas se amparan a veces en los historiadores.

El anacronismo es el pecado mortal del historiador. La distopía es ciencia ficción. El surgimiento de las diferentes corrientes historiográficas contemporáneas acabaron con el positivismo histórico y con la Historia como relato exclusivo de vencedores y clases dominantes.

Podría seguir, pero me detendré aquí. Después de toda esta perorata, por favor, no confundáis trabajo social con una investigación científica, ni demagogia con Historia. Los buenos historiadores no hacen Historia para contentar a nadie.

“La historia es el producto más peligroso que haya elaborado la química del intelecto. Embriaga a los pueblos, exagera sus reflejos, mantiene sus viejas llagas, los conduce al delirio de grandezas o persecuciones, vuelve a las naciones amargas, soberbias y vanas”.

Paul Valery | Escritor

Opinión | Cómete los sermones

Supongo que alguien se preguntará ¿cómo le puede importar el asuntillo de morir con dignidad a un chavalote de veinticinco, sano y fuerte? Créeme, puedo entender por qué te preguntas eso. Pertenezco a esa generación de Peter Pan; frívola, vanidosa, esclava de las apariencias y adicta al Tik Tok. No pretendo dejar aquí la impronta de mí indiferencia ni voy a perder el tiempo haciendo una crítica repetitiva. Me da lo mismo lo que hagan o quieran hacer los demás. Sólo deseo deshacerme de una terrorífica pesadilla que azota mi subconsciente cada noche a las cuatro de la madrugada.

            He descubierto, hace bien poco, las tres únicas certezas que albergan la existencia de cualquier ser vivo en este planeta. El nacimiento, la enfermedad y la muerte. Qué tontuna la mía, diréis con razón, ni que hubiera encontrado el verdadero sentido de la vida. La cuestión es, que ya pasé por la primera gran certeza. Según mi madre, lo pasamos un poco mal, pero aquí estamos desde entonces. Por consiguiente vendrán la segunda y la tercera. No se sabe cuándo ni cómo pero llegarán con toda seguridad. Es ley de vida. Como ley de vida es conocer, sí vivo lo suficiente, a las chicas de Tik Tok sufriendo los estragos que causa la edad. Hablemos claro y sin tapujos ni eufemismos. Estas guapísimas chicas dejaran atrás ese tremendo cuerpazo por uno lleno de arrugas y movilidad reducida. En mí caso, esta semana conseguí hacer más de diez dominadas sin ayuda en el gimnasio. Toda una proeza digna de mi edad, eso por supuesto. Deseo dejar esa nimiedad grabada en la piedra caliza de la memoria hasta que esta cascara me lo permita. Si llego a viejo, lo más seguro es que mi mayor proeza diaria sea levantarme de la cama o calzarme los zapatos sin la ayuda de nadie

            Llegado el momento es muy probable que enferme, se me pudra el cuerpo y pierda las facultades mentales, pero a veces, la enfermedad coge atajos en el tiempo y no espera para hacerte la fatal visita. Cómo nadie me pidió permiso para llegar a este mundo, quién te crees que eres para que en nombre de Dios puedas decidir por mí, cómo y cuándo tengo que salir de él.

Opinión | El miedo como pandemia

En estas últimas semanas ha sido habitual observar en todos los medios de comunicación, desde sanitarios permanentemente equipados con trajes especiales a personas tapiando las puertas de sus casas. Toda esta locura mediática me ha retrotraído unos siglos atrás, cuando las sucesivas epidemias de peste, sin distinción de clase alguna, acababan con el 60% de la población europea durante el s. XIV. Ni por asomo se puede comparar el tocino con la velocidad, teniendo en cuenta que los datos cuantitativos y cualitativos hablan por sí solos. Lo que sí se podría utilizar como análisis comparativo, en su cierta medida, es el impacto psicológico de una epidemia sobre cualquier tipo de sociedad, sin tenerse demasiado en cuenta el contexto espaciotemporal.

            Las antiguas crónicas relataban escenas muy parecidas a las que visualizamos hoy en día por televisión. Como personas enfermas tiradas por la vía pública, hospitales colapsados, huida masiva de las ciudades, numerosas hileras de supuestas víctimas, cuarentenas obligatorias, utilización de rudimentarios remedios de prevención, rechazo social hacia una persona que muestre la más mínima sintomatología o incluso actos de pillaje. Es incuestionable que todo ha cambiado, pero es a su vez singular contemplar a pequeña escala y sin pecar de anacronía, lo que muchas veces he leído en tantísimos relatos de la Edad Media.

            Por último os dejo este fragmento, espero que os haga reflexionar tanto como a mí.

            “Otra forma de dominación indirecta es el miedo, el temor que se inculca a las poblaciones sobre alguna amenaza que presuntamente se cierne sobre ellas. Si bien puede ser real, se magnifica hasta el extremo que los ciudadanos se someten voluntariamente a los deseos de quienes los manejan como a títeres. El grado de perfección se alcanza cuando es la misma ciudadanía lo que, más allá de aceptar con sumisión las normas y las medidas que se le imponen y una vez convencida del peligro inminente, solicita mansamente su aplicación, incluso con tenaz insistencia.

            Philip Zimbardo está convencido de que el miedo es la mejor arma psicológica de que dispone el Estado para manipular a los ciudadanos, hasta el punto de que estén dispuestos a sacrifica sus libertades y garantías básicas a cambio de la seguridad que les promete su gobierno omnipotente.”

            Extracto de “Así se domina el mundo”.

Opinión | La noche más oscura

A la lumbre de una farola, mientras daba buena cuenta de la cena, una larga cola de inmigrantes iba subiendo al furgón policial. Era junio del 2019, lugar dique norte, Puerto de Algeciras. Tras tres horas ininterrumpidas de Ayuda Humanitaria, mi dotación había sido relevada para darnos un merecido respiro. Observando aquella escena con más bien poca atención, un repentino Flash Back me teletransportó a unos meses atrás. Una oscura noche del mes de Abril, me encontraba desembarcando de un mediocre avión en la ciudad de Lutón. Bastante desorientado, una amable chica de piel oscura me indicó la cola para el registro. Una vez chequeado mi DNI por un alto policía de fronteras, éste se despidió de mí con un Welcome to United Kingdom. Finalizado todos los trámites burocráticos, mi amigo Toni me recibió a la salida del aeropuerto con un cálido abrazo como regalo de bienvenida.

            Nada tenía que ver con aquella noche. Los nuevos visitantes habían pasado tres días a la voluntad del mar. Sucios, malolientes, cansados, hambrientos y desorientados bajaban de 10 en 10 del barco de la Salvamar hasta la carpa de la Cruz Roja. Allí entre sollozos, toses y miradas asustadas, les tomábamos la temperatura y les pedíamos con respeto que se cambiaran de ropa. Tomados los datos y tras un breve interrogatorio por parte de la policía, finalmente se les entregaba unos snacks para calmar un poco el apetito. A continuación el furgón policial trasladaba a los mayores de edad a comisaría y los menores a los centros de acogida. Mirando aquel panorama con cierto estoicismo, resonó de sopetón por mi mente un pensamiento, “Y me quejaba yo del avión.”

Opinión | The Black Dog

No hace tanto cuando me daba alguna que otra fiebre, mi madre en su inmensa sabiduría maternal, me decía que iba a dar un estirón. La cuestión es, que después de un par de días enfermo, a la mañana siguiente me levantaba de la cama un poco más alto. Ella cómo siempre tan certera, porque eso de criar a cuatro hijos da para mucho.

            Avanzar a veces da mucho miedo, el pasado en ocasiones tiende a lastrarnos y la incertidumbre de lo desconocido nos provoca un inmenso desasosiego. Nos aterra tanto la oscuridad, porque no sabemos que hay detrás de su impenetrable manto. Este instinto tan primigenio pudo ser el detonante de la invención del fuego, más allá de sus usos prácticos. Una vez descubierta la iluminación en el mundo terrenal, la oscuridad comenzó a invadir nuestro espacio conceptual. Esta despiadada depredadora aprendió de sus errores y supo cómo adaptarse con suma sutileza a su nuevo hábitat. Deja vivir a su huésped, aprieta pero no ahoga, porque necesita alimentarse de nuestros miedos e inseguridades más profundas. Su indómita perspicacia le hace prever con sorprendente exactitud cuándo debe asomarse y cuándo retirarse a tiempo.

            Ambas dimensiones nos ponen aprueba durante el largo proceso de aprendizaje del que se compone toda nuestra existencia. Qué sentido tendría crecer si no sufriéramos los diversos avatares que nos ayudan metamorfosear. Qué sería del sabor dulce del éxito y del amargor de la derrota, sin antes haber caminado descalzos entre los puntiagudos riscos de la llamada noche oscura del alma.

El alma indomable del sabio

La experiencia nos dice que desgraciadamente los caballos díscolos no suelen caer del todo bien, para algunos son molestos y para otros muy peligrosos.

Ateo, agnóstico cristiano, vasquista, españolista, socialista, republicano y finalmente derechista. Aquella faceta tan contradictoria e irremediablemente lenguaraz de don Miguel de Unamuno, le ha convertido en uno de los personajes más controvertidos de la literatura española del siglo XX. El insaciable ansía de conocimiento del prolífico pensador bilbaíno, le hizo ir más allá que todos sus contemporáneos. Teniendo que soportar cuantiosas críticas y algún que otro descredito. Aún en su País Vasco natal, se rebeló contra las corrientes de pensamiento positivistas y racionalistas, argumentado que la razón no podía resolver todas las cuestiones de índole vital. Años más tarde, quiso romper con los convencionalismos que regían el género novelesco, creando la obra más genuina de toda su amplia creación intelectual, Niebla. Es aquí donde Unamuno inventa y personifica un nuevo género literario, al que él mismo acuñó con el sobrenombre de Nivola.

Miguel de Unamuno no sólo dejó indiferentes a los académicos del momento, también tuvo sus más y sus menos con los políticos coetáneos. Recibió con entusiasmo el inicio de la nueva etapa republicana y fue elegido concejal por Salamanca en las elecciones de abril de 1931. La inestabilidad del nuevo sistema fue provocando en Miguel de Unamuno un progresivo sentimiento de decepción. Es cierto e incuestionable que Unamuno recibió con cierto júbilo el alzamiento militar de julio de 1936. Pronto, como todos ya sabemos, este pensador se rebelaría contra el orden que él mismo apoyó unos meses atrás. Esta nueva contradicción unamuniana se vería materializada el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca.

Aunque las comparaciones, el anacronismo y la distopía siempre son odiosas, es inevitable no formularse varias cuestiones sobre esta eminente figura ¿Sería Unamuno tan reconocido como lo es hoy día, si no hubiese hecho aquella intervención en 1936? Teniéndose en cuenta lo acontecido con el escritor gaditano José María Pemán, la diferencia entre uno y otro es simple; el apasionado Pemán, muy seguro de sus convicciones se encontraba abanderando, según lo políticamente correcto, al bando equivocado. Unamuno en cambio, hombre de razón e inseguro de sus propias pesquisas, en última instancia sólo tuvo que tirar un poco de su providencial inteligencia para salvarse de la futura Damnatio Memoriae. Otra pregunta que surge al respecto es si Miguel Unamuno caería bien en la actualidad. La experiencia nos dice que desgraciadamente los caballos díscolos no suelen caer del todo bien, para algunos son molestos y para otros muy peligrosos.

Una última cuestión teletransportaría a Unamuno hasta este mismo presente ¿Sería este autor actualmente conocido en nuestra sociedad? Sin caer demasiado en el pesimismo, es difícil que a los jóvenes de ahora le pueda interesar lo que diga o escriba un canoso viejo vascongado. Además Miguel de Unamuno carecida de frivolidad alguna, siendo este detalle un defecto imperdonable para ser popular en las redes sociales. Para finalizar, podemos llegar a la conclusión, de que en una sociedad donde las ganas de abrir un puto libro son cada vez más escasas, ni la obra, ni la figura de Miguel de Unamuno tendrían tanta importancia, si no hubiera estado en el lugar correcto, para dejar para la posteridad aquella famosa frase de “Venceréis, pero no convenceréis”.

Opinión | El último recurso

¿Qué sucede cuándo quién te pide moderación, es quién no es capaz de moderar las políticas que empobrecen a un pueblo?

La pasada noche me encontraba escribiendo un artículo dedicado a la figura de Miguel Unamuno mientras me tomaba un té rojo tranquilamente. Todo marchaba bien, hasta que mis padres pusieron el canal de noticias 24h. Con cara de estupefacción pudimos observar como la capital catalana se consumía entre el fuego, los disturbios y numerosos actos de vandalismo. En ese preciso instante decidí hacer un pequeño paréntesis en él para ponerme a redactar uno nuevo.

A priori, quisiera dejar constancia de que este escrito, no alberga el propósito de abordar temas políticos o ideológicos relacionados con el independentismo catalán. Lo que quisiera compartir con todos vosotros es una sencilla reflexión sobre el uso de la violencia por parte de la ciudadanía. No me considero para nada un pacifista, pero tampoco es mi deseo que alguien piense que soy un belicoso. Partiendo desde la base de que el ser humano es violento por naturaleza, podemos llegar a la conclusión de que es absurdo, además de hipócrita, dar por hecho tal convicción, sin antes haberse realizado un análisis exhaustivo a nuestro entorno social. Es un hecho constatado de que existe un menor promedio de maltrato físico que en épocas pasadas, por mera evolución psicológica y sociológica, las personas hemos dejado atrás esos métodos tan arcaicos de prebenda y coacción, por otros mucho más sutiles. Actualmente el maltrato físico ha sido sustituido mayoritariamente por el psicológico, por las redes sociales por ejemplo; podemos advertir como diversos colectivos realizan actos de acoso desproporcionado a uno o varios individuos, con el objetivo de amedrentar, coaccionar o censurar. Aunque los métodos parecen ser diferentes, sus fines, como todos sabemos, son prácticamente los mismos.

Los disturbios en manifestaciones siempre han sido considerados como hechos violentos injustificados, pero teniendo en cuenta, que ante una clase política tan nefasta y unos medios de comunicación tan fieles a sus propios intereses, no os da que pensar ¿Qué quizás el foco de todos nuestros problemas sea realmente lo injustificado y sus consecuencias lo justificado? Cuando era pequeño, recuerdo ver en la televisión a los trabajadores de astilleros gaditanos cortar el Puente Carranza y liarse a hostias con los antidisturbios. También puedo recordar cómo la prensa les daba un protagonismo peyorativo el día que más violencia se desataba y un segundo o incluso tercer plano el día que realizaban una multitudinaria manifestación pacífica. No consiguieron nada de una forma u otra, la situación sigue siendo lo misma, pero de aquella manera al menos podían hacer un poco más visible su drama y frustración, sin ser relegados a una breve mención de 20 segundos antes de comenzar la sección de deportes.

¿Qué sucede cuándo quién te pide moderación, es quién no es capaz de moderar las políticas que empobrecen a un pueblo? ¿Qué hacemos cuándo votar a todo el elenco de politicuchos mediocres, no parece solucionar absolutamente nada? ¿Cuánto tiempo puede permanecer un pueblo sumiso ante las barbaries de la corrupción y la demagogia?
Sean cuales sean los motivos que empujan a una sociedad a convertirse en una despiadada turba furiosa, sus acciones siempre serán percibidas como viles actos de injustificada violencia. Por el contrario, las políticas que benefician a las élites bancarias, los recortes de derechos sociales y el progresivo desmantelamiento del Estado de Bienestar, siempre se encontrará respaldada por una burda justificación. El pueblo no se echa a la calle, al pueblo lo echáis a la calle.

Yo también soy el Capitán Hipócrita

Tras eso, la caballería pesada de aduladores y algunos politiquillos de tres al cuarto quisieron sumarse al festín para sacar tajada. Cuarentones ociosos dieron ejemplo de su infantil indignación, dando como resultado un bochornoso espectáculo.

Hace unos días la aparición de un nuevo V de Vendetta cibernético removió los cimientos de la opinión pública de nuestra localidad. Héroe para unos y villano para otros, este personajillo en la sombra solo cometió la desfachatez de exponer una opinión guasona sobre la política local, haciendo una pequeña retrospectiva desde las pasadas elecciones, hasta la última entrevista de nuestro alcalde, bajo un pintoresco seudónimo. Nada más empezar a leer el artículo, se podía entender que el autor iba a tocar algunos temas sensibles, fuera de lo políticamente correcto. Entonces fue cuando se destapó la caja de pandora, seré ecuánime, porque no me apetece agitar más el avispero con nimiedades, pero sí seré muy claro.

Tras eso, la caballería pesada de aduladores, eruditos y algunos politiquillos de tres al cuarto, quisieron sumarse al festín para sacar tajada. Cuarentones ociosos dieron ejemplo de su infantil indignación, dando como resultado, un bochornoso espectáculo. Sobre eso, no deseo comentar nada más, es lo mismo de siempre y no merece ni un ápice más de mi valioso tiempo. Lo que me ha hecho entrar en la carpa del circo sin permiso, es vuestra sed de represalias contra este diario. Sin medias tintas, Miguel Ángel nos ha entregado, por y para los benalupenses, un medio donde aparte de poder estar informados en todo momento, también podemos expresar nuestra opinión con total libertad. Muchos habéis demostrado tener tolerancia cero hacia la libertad de expresión y al derecho a la privacidad. Sé que debe ser muy frustrante no saber quién fue el maldito culpable de todo este lío, pero lo que no me parece lógico, es cebarse con este diario por solo permitir que un individuo se exprese con total libertad y respetándose su deseo expreso de mantener su identidad en el anonimato.

A diferencia del Capitán Hipócrita, yo no tengo ningún miedo a sufrir represalias, sean las que sean, pero también entiendo a las personas que sí lo tienen de un modo u otro. Esperemos que este medio de comunicación local no se deje intoxicar por las niñerías de unos cuantos y siga siendo la voz de todos nuestros conciudadanos.