Diego Caro Cancela; protagonista del capítulo 2 de la serie documental sobre el Bicentenario de Benalup-Casas Viejas

Hoy se ha estrenado el segundo capítulo de la serie documental “200 años de Benalup-Casas Viejas. Pasado, presente y futuro” producida por la Asociación de Producción Audiovisual y Artística (APAYA) con la colaboración especial de este medio. El protagonista de este segundo capítulo es Diego Caro Cancela, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, especializado en la historia política y social de la Andalucía contemporánea.

Diego nos habla del modelo socioeconómico imperante en el Casas Viejas del siglo XIX y XX, de la irrupción del sindicalismo y la llegada de la Reforma Agraria. Este capítulo fue grabado vía Google Meet, debido a las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia.

Capítulo 2 de la serie documental “200 años de Benalup-Casas Viejas. Pasado, presente y futuro”.

Un paso más sobre la historia de nuestro pueblo, haciendo hincapié en los últimos 2OO años en el que se forjaron nuestras raíces.

Opinión | Alea jacta est

El trabajo histórico requiere de rigor absoluto. Lógico. El historiador debe ser equidistante a la hora de emitir conclusiones. Sensato. Las investigaciones históricas se realizan con el fin de conocer el pasado con la máxima objetividad, apoyándose siempre, en los distintos datos obtenidos. Sentido común.

No se hace Historia para ganar o perder guerras. Tampoco para realizar juicios de valor. Poner, quitar calles o estatuas es una cuestión política. Juzgar es cosa de jueces. El historiador se dedica a recomponer rigurosamente el pasado y a su posterior divulgación científica.

Las novelas históricas no son ensayos. No se puede confundir ficción con Historia. La Historia es una ciencia social multidisciplinar que sigue una escrupulosa metodología.

Si el trabajo histórico ayuda a superar traumas, gracias, pero no es ese nuestro trabajo. El turismo cultural y/o histórico lo fomentan las administraciones y estas se amparan a veces en los historiadores.

El anacronismo es el pecado mortal del historiador. La distopía es ciencia ficción. El surgimiento de las diferentes corrientes historiográficas contemporáneas acabaron con el positivismo histórico y con la Historia como relato exclusivo de vencedores y clases dominantes.

Podría seguir, pero me detendré aquí. Después de toda esta perorata, por favor, no confundáis trabajo social con una investigación científica, ni demagogia con Historia. Los buenos historiadores no hacen Historia para contentar a nadie.

“La historia es el producto más peligroso que haya elaborado la química del intelecto. Embriaga a los pueblos, exagera sus reflejos, mantiene sus viejas llagas, los conduce al delirio de grandezas o persecuciones, vuelve a las naciones amargas, soberbias y vanas”.

Paul Valery | Escritor

Benalup se prepara para celebrar el 88º Aniversario de los Sucesos de Casas Viejas

Llega enero y eso significa para este pueblo recordar el capítulo más triste de nuestra historia reciente. Este año se celebra el 88º aniversario de los Sucesos de Casas Viejas y celebrar este evento sin la presencia de Salustiano Gutiérrez parece algo difícil de creer. A pesar de tan notable ausencia, el Ayuntamiento de nuestra localidad y la Fundación han programado una serie de actividades adecuadas al momento que vivimos.

Los actos comenzarán el jueves 7 de enero con unas jornadas de puertas abiertas en el Espacio Conmemorativo Casas Viejas 1933, que durará hasta el 11 de enero. El horario para ver dicho espacio será de jueves a lunes de 10:00 a 14:00 horas y de 16:00 a 18:00 horas, excepto el domingo que será de 10:00 a 15:00 horas.

Otro de los actos a mencionar es la charla que dará nuestro poeta más reconocido, Alejandro Pérez Guillén y que se titula “Un acercamiento a los Sucesos”. Este acto tendrá lugar el viernes 8 a las 17:00 horas. El mismo día y a través de Radio Benalup podréis disfrutar de la mesa redonda “La bibliografía sobre los Sucesos de Casas Viejas” en la que participarán José Luis Gutiérrez Molina, el historiador local José González Benítez, el escritor asidonense Ramón Pérez Montero, Agustín Coca y un servidor. Entre todos trataremos de pasar un buen rato con la compañía de los oyentes que se sumen a nuestra mesa, por supuesto, quedáis todos invitados.

A lo largo de los siguientes días se sucederán los actos, como la inauguración de la calle Manuel Quijada, rutas guiadas, ofrendas florales o la proyección del documental “Casas Viejas 1933” del director José Luis Hernández Arango que ya se emitiera el pasado año y que tanto éxito ha obtenido allá donde ha sido proyectado.

Os dejamos la programación al completo para que podáis ojearla, organizaros y acudid a los actos que más os gusten. Respaldemos nuestra historia con nuestra presencia.

Benalup-Casas Viejas presenta su Historia en forma de cómic

Mañana viernes a las 20:30 horas en el Restaurante El Tato tendrá lugar la presentación del libro “La historia en cómic de Casas Viejas y Benalup” de Juan Moncayo y Manuel Saenz. Este libro realizado en 1993 en el contexto del Colegio Público Tajo de las Figuras ha sido editado por Salustiano Gutiérrez Baena y maquetado por Fran Sánchez Mazo. Sin modificar el cómic se ha adaptado, sobre todo, formalmente, a un diseño más ágil y accesible.

https://www.facebook.com/salustiano.gutierrez.5/videos/10214399646025398/


El conjunto resulta un relato de la historia de este pueblo que es imprescindible que tenga sus sitios en los hogares de todos los benalupenses casaviejeños y de todo aquél que disfrute con la historia de España.


Hasta el día de la presentación el libro se vende a 9 euros (para adquirirlo hay que ponerse en contacto con Salustiano Gutiérrez), luego tendrá un precio de 10 euros.

Benalup-Casas Viejas acogerá la presentación de la novela Eras la Noche de Ramón Pérez Montero

Nuestra localidad, Benalup-Casas Viejas, acogerá en la noche del domingo 30 de agosto, la presentación de la novela Eras la noche, del novelista y poeta asidonense Ramón Pérez Montero.

Ramón Pérez Montero (Medina Sidonia, 1958), licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Cádiz. Publicó su primera novela, Mi nunca dicha razón de amor, en Sevilla (editorial Castillejo, 1996). En 1998, publica la segunda, Tarde sin orillas (Algaida), finalista del Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, y con esta misma editorial, en 2002, la que es hasta el momento su tercera obra narrativa, Princesa en la red. En la actualidad, después de haberlo hecho en diferentes institutos de Andalucía, imparte clases de Lengua Castellana y Literatura en el IES San Juan de Dios de su ciudad natal. Entre los años 1999 y 2001 escribió sus artículos de opinión en Diario de Cádiz. A partir de 2009 lo sigue haciendo para La Voz de Cádiz. En 2012 vio la luz su primer libro de poemas, La mirada inclemente. También ha escrito un libro de investigación histórica, Crónica del desarraigo, editado por Puerta del Sol en 2014.

Hoy, domingo 30 de agosto, a las 21:00 horas, Salustiano Gutierrez, Alejandro Pérez Guillén y Fran Seisdoble presentarán Eras la noche, la última novela de Ramón Pérez Montero (Libros de la Herida, 2020), en el Café Pub Tato (Tato Vela Sánchez).

Terminada la Guerra Civil una serie de perdedores ven imposible reintegrarse en la sociedad franquista. En las sierras de la Janda la concentración de maquis es más alta que en el resto de Andalucía; la orografía, el pasilllo tradicional entre la Janda y serranía de Málaga y la presencia del sustrato anarquista lo posibilitan. La guerra entre la Guardia Civil y estos maquis va a ser brutal, por ambas partes utilizan todo tipo de instrumentos a sus alcance. La patrulla del comande Abril, la más famosa de la zona cae traes la delación del maquis local Largo Mayo. El mundo del fin del maquis y el enfrentamiento literario de dos personajes tan distintos como Largo Mayo y Bernabé López constituye el meollo de esta gran novela que no dejará indiferente a nadie.

La cultura se abre paso en estos momentos tan complejos, así que hay que darle una oportunidad a una de las grandes obras de este año.

Tres benalupenses crean “Rutas Benalup”; mapas interactivos para impulsar el turismo en la localidad

Tres benalupenses han desarrollado una web con mapas interactivos para impulsar el turismo de Benalup-Casas Viejas. La web, denominada Rutas Benalup incluye una colección de mapas interactivos para ser usados desde los dispositivos móviles; smartphones y tablets, y descubrir la historia del pueblo paseando por sus calles y alrededores.

Miguel Ángel Moreno (filólogo, escritor y web developer), Salustiano Gutiérrez (profesor, historiador y escritor) y Juan David Guzmán (especialista en Sistemas de Información Geográfica), con la colaboración del Ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas, son los tres mentores de esta ilusionante iniciativa que se presentará el próximo jueves 25 de junio a las 18:00 horas en el Centro Cultura Jerome Mintz.

Rutas Benalup es un portal web turístico, de acceso gratuito y basado en 8 mapas interactivos, número que se incrementará en el futuro con nuevas rutas, que te invitan a conocer el municipio (calles, plazas, fuentes, puntos de interés) a través de diferentes rutas e itinerarios. Están concebidos para ofrecer una primera versión de los recorridos, con el objetivo de que los visitantes y turistas puedan posteriormente disfrutar in situ de todos los encantos del municipio.

Este proyecto supone la mayor colección de mapas interactivos de Benalup-Casas Viejas. Los mapas de Rutas Benalup han sido diseñados para que puedan ser visionados en los dispositivos móviles, smartphones y tablets. La web contiene información histórica y datos de la situación geográfica del municipio. También incluye un vídeo demostración que refleja las diferentes opciones de navegación y propuestas de la web.

Actualmente estos son los 8 mapas interactivos que se pueden consultar en Rutas Benalup:

  • Ruta de los Sucesos de Casas Viejas.
  • Los lugares emblemáticos de Mintz.
  • El aprovechamiento del agua en Benalup-Casas Viejas.
  • Casas Viejas en 1907.
  • Las plazas y los espacios públicos.
  • Puerta del Parque Natural de los Alcornocales.
  • Puertas de Benalup-Casas Viejas.
  • La Alameda y alrededores.

Las sombras de la memoria

La oscuridad tiene el poder de hacer nada del todo, de hacer creer a quien mira a su alrededor, sin poder ver nada, que realmente nada hay. Y sin embargo, ocultar algo de la vista, para desdicha de algunos, no significa que desaparezca, que se haya borrado de la realidad. No mientras, al menos aún quede alguien que lo viviese, que lo supiese, y tenga la capacidad de contarlo.

Mucho se ha hablado de la Guerra Civil, y mucho se ha contado de esos años, y de los que les siguieron, pero a veces me da la sensación, quizá sólo sea eso, una sensación, de que son pequeños focos de luz que iluminan partes concretas de una estancia muy muy oscura. Haces de luz que muestran verdades que permanecían ocultas entre las sombras, algunas de ellas inimaginables cuando al fin se muestran al descubierto, descarnadas, dolorosas y sangrantes aún a pesar del tiempo pasado.

A mí nunca me ha gustado la frase: Hay cosas que es mejor no saberlas. Siempre he preferido conocer todas las variables posibles de la ecuación, para bien o para mal. Quizá sea porque, como enfermera, sé a ciencia cierta que cuando una herida cierra en falso, tarde o temprano acaba por abrirse de nuevo y es mucho más difícil de sanar. Además, prefiero otra frase, una de mi abuelo que dice: Lo que no se conoce, no se teme, y lo que no se teme corre el riesgo de volver a repetirse.  

Y hay una historia que me tocó el corazón cuando supe de ella, sobre todo porque no lo hice a través de los libros, sino del relato vivo de alguien que estuvo allí y la vio con sus propios ojos. La historia de un joven casaviejeño que, por azares de la vida, llegó como soldado a Los Merinales, uno de los campos de concentración del franquismo.  

En el margen izquierdo de la antigua autovía entre Bellavista y La Motilla, en el lugar en el que hoy en día tan sólo hay un descampado en el que crece la maleza silvestre, se erigió el campo de concentración más grande de toda Sevilla y el último en cerrarse, llamado Los Merinales.

Cuando la Guerra Civil terminó Franco mandó construir una red de colonias penitenciarias a lo largo y ancho de toda España. Colonias penitenciarias… Un nombre suave, casi con aires de campamento, nada más lejos de la realidad, con el que denominar a los campos de trabajos forzados en los que hacinaron a miles de presos republicanos. Aquellos quienes sufrirían en carne propia una frase que popularizó el infame Hitler, modelándola incluso en hierro y sangre, en cada una de las ergástulas genocidas de la Alemania nazi. Arbeit Match Frei, El trabajo os hará libres. Una proclama tan dolorosa como falaz que pude leer con mis propios ojos en el campo de concentración de Dachau en la cancela que daba entrada al infierno. Y que aún me estremece sólo de recordarlo.

Campo de concentración de Dachau – M.J.Tirado

Mucho sabemos de los campos de concentración alemanes, pero muy poco de los españoles, en los que los perdedores fueron represaliados durante décadas sobreviviendo en condiciones infrahumanas. Con ellos acabaron compartiendo espacio presos comunes y también civiles que fueron apartados de las calles por el régimen por considerar que debían ser reeducados, mentalmente por supuesto, antes de reincorporarse a la Grande y Gloriosa Nueva España.

Un total de 55 campos se extendieron por toda Andalucía, por los que pasaron 100.000 presos políticos. En la provincia de Sevilla se ubicaron once, una quinta parte.

En torno a ellos, poco a poco, sin medios y sin posibles, se fueron estableciendo en condiciones muy precarias las familias de muchos de aquellos presos. Produciendo núcleos espontáneos y asentamientos, muchos de los cuales aún se mantienen como Valdezorras, Torreblanca, Fuente del Rey o Bellavista. Núcleos en los que niños y niñas sin escuela, ni juguetes, ni juegos vivían en covachas y chozas al abrigo de sus madres, quienes trataban de contener el frío que se colaba por cada rincón de sus precarios hogares con el único abrigo de su cariño. En los que esas mujeres, madres, esposas e hijas, suspiraban y se tragaban las lágrimas con la esperanza de que sus maridos, padres o hermanos expiasen sus condenas de esclavos y, como en la antigua Roma pasasen a convertirse en liberatus. Si es que la neumonía, el agotamiento o el hambre no acababa con ellos primero. Eran familias a las que no les quedaba otra que conformarse con las migajas de poder ver a sus seres queridos al otro lado de las alambradas de espinos una vez por semana después de la Misa de Campaña. Madres, esposas, hijos e hijas que estiraban los brazos para intentar tocar las yemas de sus dedos, aún a pesar de herirse las manos. Mujeres que se sabían afortunadas en la desgracia, porque al menos ellas sí conocían dónde estaban sus maridos, muchas de sus amigas, hermanas o conocidas no, les habían perdido en las cunetas de la agonía.

Habitantes del poblado del Cerro, donde habitaban familiares de los presos.

Los Merinales fue inaugurado en 1940 y no fue clausurado hasta febrero de 1962, 23 años después del fin de la Guerra Civil española. Allí cumplirían condena unos 10.000 hombres, mano de obra esclava que construyó sin ninguna maquinaria, a base de brazos, picos y palas, un canal de 160 km. Un canal que convirtió en regadíos 80.000 hectáreas de secano y permitió enriquecerse aún más a las grandes familias de terratenientes andaluces. Un canal llamado Canal del Bajo Guadalquivir, que en 2006 en un acto de restitución pasó a llamarse El Canal de los Presos.

En diciembre de 1945, con un frío que se colaba hasta el tuétano, un casaviejeño arribó como soldado a aquel lugar para hacerse cargo con su compañía de la vigilancia exterior del campamento (la interior estaba a cargo de los porristas, que eran funcionarios de prisiones). Era mi abuelo, Francisco García Parra, que aún hoy a sus casi noventa y siete años, lo recuerda como si fuese ayer.

Me cuenta que él era muy joven, apenas llevaba ocho meses en el servicio militar y jamás había cogido con anterioridad un arma que no fuese de caza. Que por la mañana, a los soldados un superior les asignaba un documento en el que había el nombre de varios presos, en ocasiones dos o tres, otras cuatro o cinco, y les decían la tarea que estos debían realizar ese día. Su cometido era vigilarles en su camino, a pie, al tajo designado y hacerse cargo de que cumpliesen con su cometido.

Recuerda que una vez le encomendaron llevar a cuatro de aquellos hombres a arreglar los baches de una carretera. Uno de ellos llevaba un pico, otro una pala y otros dos iban cargados con espuertas para transportar la arena. Mientras caminaban por el carril uno de ellos le dijo con cierta guasa: Soldado, somos cuatro. Si los cuatro echamos a correr, alguno se escaparía, ¿verdad? Y a él, a sus dieciocho años, se le removieron las entrañas con sólo pensarlo, las órdenes recibidas eran muy claras: Si vas con dos y uno intenta escapar, disparas al que está quiero y corres tras el fugado. Siempre cetme al hombro, en su interior rogaba que ninguno lo intentase.

Poco a poco fue ganando confianza en que ninguno lo haría, porque un día de trabajo esclavo les conmutaba por dos de condena y un intento de fuga les supondría la muerte por fusilamiento. Lo sabían muy bien en otro campo cercano, en La Corchuela, donde dos hombres fueron fusilados por su intento de fuga e hicieron desfilar al resto antes sus cadáveres como advertencia.   

Mi abuelo me cuenta que, a pesar de las circunstancias, en aquella época había cierta camaradería entre los presos y los soldados, tanto unos como otros sabían que estaban allí porque no les quedaba otra.

Francisco en el servicio militar – M.J.Tirado

Los presos eran conocedores de que los soldados pasaban un hambre atroz, porque quien debía proveerles el alimento se gastaba sus dietas en otros menesteres más oportunos, y en ocasiones su menú consistía en acelgas a medio hervir, con caracoles incrustados en las hojas. Por ello en más de una y de diez ocasiones compartieron, con quienes debían vigilarles, la mitad de su ración, volcando sus platos sobre los de los soldados a través de la doble alambrada. Siempre protegidos por el velo de la noche, porque si su superior tenía conocimiento de ello serían arrestados pues era mucho más honorable pasar hambre que recibir comida del enemigo. Así comió mi abuelo lentejas y patatas guisadas con las que acallar el hambre que le hundía el estómago y le trepaba por la garganta en un cuerpo de piel y huesos bajo el uniforme militar.

Me cuenta que allí había recluidos maestros, médicos, barberos… Que en otra ocasión le encomendaron llevar a un recluso, mecánico, a arreglar una hormigonera averiada. Que se dirigieron al lugar caminando más de un kilómetro, y al pasar junto a una venta, este, que le debió de ver joven y poco peligroso, le confesó que tenía escondida una pequeña cantimplora de metal bajo la ropa ajada y le dijo que le agradecería en el alma que se la llenase con aguardiente, pues, al estar recluido, hacía demasiado tiempo que no la probaba.

Mi abuelo se negó, ¿cómo podía pedirle algo así? Le respondió preguntándole que, si él marchaba a comprarle el aguardiente, ¿quién le vigilaría? El mecánico le dio su palabra de que no escaparía. No iba a arriesgarse a que le fusilasen, en un par de años acabaría su condena y podría volver a casa con su familia. Me dice que algo se le removió por dentro ante la súplica de aquel hombre y no fue capaz de negárselo. Le pidió que se escondiese tras la alta cuneta del camino y cumplió con su encargo caminando hasta la venta cercana, guardando la cantimplora en su macuto militar.

Aún hoy cuando lo piensa se repite lo temerario que fue hacer algo así. En su camino de regreso el miedo le atenazó, si el mecánico no se encontraba junto al camión podía ser él quien se enfrentase al pelotón de fusilamiento. ¿Cómo podría explicar que se le hubiese escapado si debía acompañarlo en todo momento? Pero al llegar, vio que estaba esperándole agazapado y cómo sus ojos se iluminaban al verle arribar con su secreta carga. Un fugaz soplo de felicidad nacida de la cosa más sencilla, pero a la vez inalcanzable.

A todos los presos les registraban a la entrada al campo, así que no fue hasta aquella noche cuando pudo devolverle la cantimplora. Se citaron en torno a la garita en la que a Francisco le tocaba guardia siempre, cada noche. Nunca más, le dijo. No volveré a hacerlo nunca más, le advirtió. Y el preso asintió, agradecido.

Tiempo después, me relata, la compañía de soldados que les relevó fue sustituida por la Guardia Civil. Él fue destinado al servicio de un joven Álferez, en Sevilla capital, realizando labores de mozo de compras y servicio personal de la adinerada familia de este, pero esa ya es otra historia…

Y esta es sólo una de las mil batallas que vivió en aquel lugar en el que, incluso habría casaviejeños recluidos entre aquellas alambradas a lo largo de los años en los que estuvo funcionando, con los que mi abuelo no coincidiría en el tiempo, estos fueron; Domingo Vidal Durán y Francisco Ortiz del Río (podéis saber más de ellos en este fantástico post de Salus (http://historiacasasviejas.blogspot.com/2007/11/el-canal-de-los-presos-y-los-dos.html)

En cuanto tuve conocimiento de su publicación le regalé el libro El Canal de los Presos, fue un regalo que le emocionó, que hizo brillar en sus ojos el recuerdo de todo lo vivido allí, que leyó con devoción durante meses y guarda en un sitio de honor en su pequeña biblioteca.

Me encanta oírle hablar, imaginarme al joven Francisco recién salido del pueblo, vestido con un uniforme militar que había pertenecido a otros muchas soldados, enfrentando lo que le había tocado vivir, sobreviviendo al hambre y a la tristeza de lo que veían sus ojos cada día, ayudando en la medida de lo que estaba en su mano, y escuchar sus relatos, porque forman parte de la memoria viva de nuestra historia. Porque ofrecen pequeños haces de luz con los que desterrar las sombras de la memoria. Porque sus palabras son historia viva de nuestra tierra, de nuestro pasado, de nosotros, y lo que él, lo que ellos vivieron, de uno u otro modo nos ha traído hasta aquí, hasta hoy, hasta nuestro presente.

María José y Francisco

Ahora que parece que, en estos tiempos que vivimos, a algunos les incomoda que haya quienes queramos conocer cada pequeño fragmento de esa historia yo me quedo con su frase: Lo que no se conoce no se teme, y lo que no se teme corre el riesgo de volver a repetirse.

Te quiero abuelo.

Presos construyendo la cimentación de los barracones de Los Merinales

“…los 22 kilómetros del que va de Los Palacios al Aeropuerto de San Pablo lo hicieron a pico y pala los presos políticos. Dos mil hombres con turnos de día y turnos de noche de la Colonia Penitenciaria Militarizada —contesta Alfonso—. Recuerdo haberlos visto trabajar cubiertos sólo con taparrabos y custodiados por la Guardia Civil. Son cosas que no se olvidan. Era cuando iba a veranear a Málaga, tendría poco más de diez años. Al pasar el tren por Los Merinales mis hermanos y yo nos asomábamos a las ventanillas del tren para mirarles. Una vez, un hombre que iba en el departamento dijo: Miren cómo trabajan los rojillos. Así aprenderán a no insultar a los señores. Alfonso calla, Armando también”. (Por el río abajo, Albia Literaria, Libraire du Globe (Colección Ebro, París, 1966. Armando Salinas, Alfonso Grosso.)

Cuatro metros cúbicos excavados, por persona y día. Mientras el cupo no esté completo, la jornada no termina. Esa era la consigna.

El poder de lo pequeño

Soy un profundo admirador y seguidor de la Libertaria Información. Entre otras razones porque siempre que veo noticias del pueblo publicadas en ella me hago la misma pregunta: ¿De dónde saca este hombre el tiempo necesario para afrontar esta inmensa y necesaria tarea de recoger las cosas grandes y pequeñas que pasan en este pueblo?

Aunque no es así, pero parece que está en el sueldo del Ayuntamiento y de las empresas privadas publicitar o recoger los eventos que realizan o programan. Pero la sociedad civil, los grupos de amigos, las asociaciones sin ánimo de lucro también necesitan un medio que recojan sus actividades. Siempre ha habido ese hueco en este pueblo y eso ha venido a cubrirlo la Libertaria Información. Pero por mucho esfuerzo, interés y empeño, que me consta que le pone, derroche el promotor de la criatura, Miguel Ángel Moreno Cortabarra, me parece que sólo no puede hacerlo en la cantidad, calidad y a lo largo del tiempo necesario. Creo que la gente de Benalup-Casas Viejas debiera ser consciente de eso y colaborar con él; leyendo sus crónicas, enviándole información o/y escribiendo artículos ya sea de eventos o de opinión. Aquellas pequeñas cosas que cantaba Serrat son la base de nuestra vida y sin ellas, como también cantaba Amaral no somos nada.

Y como hay que predicar con el ejemplo se me ha ocurrido enviarle este escrito contándole que ayer 20 de septiembre en la Venta de Enrique un grupo de amigos sin que se supiera quien organizaba, llevamos a cabo una pequeña actividad consistente en la visualización de dos vídeos, uno de la corcha de Mintz en el Alisoso a finales de los sesenta y otro la película Quivir, con la participación del director Manu Trillo, el guionista Agustín Coca y el capataz de la cuadrilla Germán Rodríguez. El acto fue presentado por María Orellana. Manolito de los Jardines había preparado cien sillas y lo tachamos de exagerado, pero la práctica demostró que no lo fue. Vino gente de Benalup-Casas-Viejas, Alcalá, Los Barrios, Algeciras… La verdad es que resultó muy emotivo. Al que esto suscribe le encantó por varias cosas, primero porque era la sociedad civil, no se sabe quien, ni como la que organizaba o desorganizaba, segundo porque la temática era tan interesante como el mundo de la corcha, una cosa tan nuestra como desconocida y tercero porque demuestra que si aportamos a la comunidad una parte de lo que sabemos o tenemos salimos ganando todos.

Escribir algunas referencias de las dos películas. La cuadrilla benalupense de corcheros en el Alisoso a finales de los sesenta es grabada en una jornada completa, en el trabajo a collera, abajo y arriba de los alcornoques, comiendo en el Jato a modo de cuchará y paso atrás… Resultó muy gratificante comprobar como muchos de los asistentes reconocían a los corcheros, y también, demostrar una vez más el tesoro que tenemos con el legado de Mintz, que no lo posee ningún pueblo del entorno.

Quivir es un precioso documental que versa sobre el encuentro de una cuadrilla de corcheros alcalaínos y otra marroquí. El hilo conductor es como a pesar de los prejuicios iniciales son más las cosas que nos unen que las que no separan a los miembros de las dos orillas. Ese concepto del otro como algo no tan distinto a ti, ni superior, ni inferior es tratado con una naturalidad y emotividad suprema. Le aportó a la película un plus el hecho que los protagonistas principales del vídeo; guionista, director y capataz, estuvieran en el acto y nos contaran su experiencia. Me recordó mucho a Mintz, porque este vídeo todavía no es conocido donde se grabó parte de él, en el norte de Marruecos. Esperemos, seguro que no conociendo a Agustín Coca, que no tarde 50 años como nos pasó a nosotros con el legado de Mintz.

En resumen fue una jornada muy bonita, que hay que repetir y continuar. Lo mismo que la Libertaria Información, porque lo pequeño es necesario, porque lo pequeño tiene mucho poder.