juan carlos aragón

Los inmortales

 Para ser inmortal no hace falta ser un hombre histórico,
que llevar una vida palante oficio de héroe,
más allá que siempre la ética bajo su músculo,
me permita dormir cada noche escuchando su música.

Juan Carlos Aragón Becerra (Comparsa 1800 Los inmortales)

¿Y ahora qué? Que no he podido, que me dejaste con la palabra en la boca, que tenía tantos temas que hablar contigo. Que te has ido. Tuve la oportunidad de conocerte en persona y no lo hice, vergüenza de un chaval que se atrevía a poco, pero te conocí, a mi manera, bebiendo botellas y botellas de tus versos, cada día, hasta la saciedad, y hacía de tu corazón rebelde, el mío, que era como el tuyo, aunque más cobarde, y me embriagaba cada febrero y la resaca me duraba hasta que el calor del verano me recordaba que debía dejar de beberte para retomar las botellas abiertas de otros años, en ruinas me has dejado.

1800 Los Inmortales

Si yo fuera capitán me compraría un barco para navegar junto a ti bebiendo de las letras que de tu pluma nacieron, riéndonos de la vida, como dos yesterdays (pásamelo que me toca). Estoy seguro que por mucho que navegaramos acabaríamos en el mismo lugar, en Kadi City, con ese tono serio, pausado, difícil de encajar, de entender, pero certero, profundo, en el fondo ambos nos hemos sentido parias en el golfo de Cádiz.

Hoy me han clavado un puñal, en el centro, donde duele, hasta las yemas de los dedos duelen. Las cosas así no se hacen, pasarán las noches de bohemia, caminaré como una pantera, por las calles estrechas, recuperando para mis adentros la brisa marinera, condenado a vivir como un ángel caído, sin ti, pero con tus letras, con tu legado, el que me acompañará siempre.

Desde hoy eres un peregrino más, te has marchado caminando, sobre las sereníssimas olas, sin rumbo fijo, hacia la eternidad, y tu ejército de dothrakis carnavaleros te lloraremos, aunque ten por seguro que con tus letras y tu música, con tu recuerdo, con tu capacidad de acariciar nuestras almas, te has convertido en inmortal.

 
Y si llaman a tu puerta
con la oscuridad cumplía
no se la tengas abierta
que seguro que es el día,
presumiendo todavía
porque no le ha dicho nadie
que a la orilla de los mares
la llave de la alegría,
en tu playa tierra mia
el amor en carnavales,
desenterrando puñales,
de las arenas salía,
y con su sangre escribía
Los inmortales, los inmortales,
Los Inmortales.