Opinión | El “gatopardismo” del PP

En 1958, Giuseppe Tomasi di Lampedusa publicó “El Gatopardo”, en la que expresaba la idea de que la aristocracia tenía que aceptar cambios políticos que pueden ser inevitables con el fin de preservar su poder, estableciendo aquello de que “Si queremos que todo siga como está, es necesario que cambie todo”.  Esta aparente paradoja ha venido desde entonces impregnando a la política como doctrina en el sentido más amplio y en todo su abanico ideológico, lo que se ha venido a denominar como lampedusismo o gatopardismo.

El recién congreso del PP celebrado en Sevilla, se ha convertido en todo un ejercicio de gatopardismo al más estilo ortodoxo del concepto. El congreso de los populares se ha celebrado bajo el lema de “PREPARADOS”, que visto lo visto, muy bien se ha podido traducir como dispuestos a que todo siga igual. 

Ha sido un congreso en el que no ha habido debate ideológico, ni análisis de ningún tipo porque no ha habido propuestas ni nada parecido. Tampoco ha existido ninguna reflexión sobre la relación del PP con la ultraderecha ni en las formas y modos de practicar la oposición en el Parlamento. Tan solo se ha tratado de un congreso para cambiar una dirección quemada por sus muchos errores y bandazos y finiquitada por el único acierto: señalar de dudosa moralidad las comisiones cobradas en plena pandemia por el hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La lucha contra la corrupción interna seguirá siendo la asignatura pendiente del PP de la nueva dirección. La lección ha sido contundente: cuidado con quien se mueva, porque no solo no sale en la foto, sino que se le borra.  

El ya expresidente del PP, Pablo Casado, pretendió cambiar de sede nacional en la madrileña calle de Génova reformada con dinero negro fruto de la corrupción, como gesto de una voluntad inequívoca de rechazo de la misma. Ya nadie en el PP habla de la necesidad de cambiar de sede, si sus nuevos moradores no se sienten incómodos en ella.

Alberto Núñez Feijóo, que viene a sacar el PP del riesgo de desaparición tal como ha señalado el oráculo Aznar, viene con una abultada mochila a sus espaldas. Una estrecha relación con un conocido narcotraficante gallego que no ha sabido explicar del todo y de la que no quiere oír ni hablar y un supuesto trato de favor en forma de millonarios contratos a una empresa de seguridad en la que la hermana del actual presidente del PP nacional tiene un relevante cargo de responsabilidad.

No se sabe si es el caso de la hermana de Feijóo lo que lleva a este a asumir de pleno todo lo referente al caso del hermano de la presidenta de Madrid, Díaz Ayuso. O a ese otro recién destapado de la contratación sin concurso de la empresa de la madre de la presidenta madrileña por la Junta de Andalucía. Todos ocurridos durante la pandemia. 

La designación como Secretaria General del partido de Cuca Gamarra, casadista acérrima hasta que vislumbró que traicionando a su mentor era la oportunidad, no solo de conservar sino de consolidar y mejorar su estatus en el partido, es el paradigma más meridiano de la mayúscula traición habida en el PP que lo ha llevado a cambiar todo, para que nada cambie.

En definitiva, un gatopardismo extremo y paradigmático que nada presagia que las formas y modos de la política del PP cambien, ya sea por las rémoras que unos traen, las carencias que otros manifiestan y la ambición de los que no dan por terminada la fraticida lucha por el poder interno en el partido. Mientras tanto, la ultraderecha frotándose las manos y babeante relamiéndose los labios.

Para este viaje no hace falta tanto equipaje ni tantas alharacas. 

Opinión | Ucrania e Irak, dos caras de la misma moneda

Vladimir Putin es un dictador corrupto megalómano que tiene subyugado con mano dura al pueblo ruso con su régimen autócrata. A lo largo de su trayectoria, en su loca estrategia de extender su marco de influencia ha acometido iniciativas por las buenas o por las malas contra aquellas repúblicas fronterizas que tras la caída de la URSS emprendieron una andadura independiente de la actual Rusia, siendo el caso de Chechenia el más sobresaliente del fracaso de sus iniciativas imperialistas que tuvo que abandonarla tras dejarla en un absoluto caos destructivo.

Putin ha emprendido una invasión bélica contra Ucrania, contraviniendo todo el derecho internacional, argumentando que pretende desmilitarizarla y desnazificarla, ya que según manifiesta muchas personas han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante 8 años, además de defender a su país de una amenaza real por parte de occidente de confirmarse la entrada en la OTAN de la republica ucraniana. Ninguna de estas excusas es cierta, salvo que Ucrania había solicitado la entrada en la OTAN, por lo que la única razón para invadir Ucrania es que Putin ha interpretado la citada solicitud ucraniana como un peligro para su país o, mejor dicho, para la seguridad y mantenimiento de su régimen.

La respuesta de occidente abanderada por EE.UU. no se ha hecho esperar y alarmados, escandalizados e indignados por la injustificable acción bélica de Putin contra Ucrania, anuncian sanciones económicas, financieras y comerciales contra Rusia por lo que entienden un fragante atropello a la legalidad y derecho internacional contra la independencia e integridad de Ucrania. Además de los supuestos ejercicios de intimidación de la OTAN con despliegue de fuerzas en los países miembros de la misma, limítrofes de la zona de conflicto.

Es cierto que la iniciativa de invasión de un país soberano como Ucrania por parte de Rusia no tiene justificación alguna y merece el reproche absoluto de la comunidad internacional, individualmente y a través de la ONU y demás organizaciones internacionales como la propia UE, así como, todas las sanciones que de manera efectiva y bajo el consenso internacional puedan articularse al respecto. Pero no es menos cierto, que las justificaciones dadas por Putin para invadir Ucrania se parecen muy mucho a las dadas por EE.UU. cuando decidió invadir Irak con el apoyo de Gran Bretaña y España sin el consenso o la indiferencia de la comunidad internacional ni de la propia ONU.

En su día se esgrimieron que el régimen de Sadam Hussein tenía subyugado a su pueblo, que tenía armas de destrucción masiva que suponían una amenaza para Occidente, además de que en ese país se estaban amparando a organizaciones terroristas. Parecidas justificaciones se utilizaron para invadir Libia y derrocar al dictador Gadaffi. La consecuencia de ambas invasiones es que han dejado a sus poblaciones al pairo en manos de señores de la guerra y clanes al convertir tanto a Irak como a Libia en Estados fallidos donde los derechos humanos no se respetan en modo alguno.

Ninguna sanción se estableció para EE.UU. ni a los países que apoyaron de forma expresa aquellas iniciativas bélicas injustificadas, máxime cuando se pudo comprobar que en Irak no había ni armas de destrucción masiva ni nada parecido. Aquello solo fue una excusa de EE.UU. para responder por los atentados sufridos el 11S y para hacerse con el petróleo existente en esos países.

La hipocresía manifiesta y la doble vara de medir de la comunidad internacional y más concretamente de EE.UU., es lo que hace que sátrapas como Putin se sientan legitimado a emprender iniciativas como la emprendida contra Ucrania con la excusa de defender los intereses y seguridad de su país.

Para colmo de los peligrosos despropósitos, el expresidente estadounidense, Donald Trump, califica de “maravillosa” la estrategia de Putin en Ucrania proponiendo que EE.UU. la aplique igualmente a México.

Opinión | El dedo de Fernández Díaz

 No pocos llegamos a creer que dada su condición opusiana en la que la obediencia debida y la lealtad al superior son rasgos distintivos e incuestionables le llevaría a asumir el marrón de la Operación Kitchen de forma sumisa y abnegada.  

La supuesta profunda fe cristiana que dice profesar y siendo de misa y confesión diaria no le sirvió para que se saltara todos sus principios éticos y morales habidos y por haber al frente del Ministerio de Interior del Gobierno del PP de Rajoy, al menos en lo que concierne a la llamada Operación Kitchen. 

El juez de la Audiencia Nacional, García-Castellón, exculpando a Rajoy y Cospedal de toda responsabilidad en calidad de presidente del gobierno y secretaria general del PP en esos momentos, ha procesado a Fernández Díaz en el asunto, entre otros mandos de Interior y Policía, al entender que el ex ministro se encontraría en la cúspide de lo que describe como una estructura delictiva ideada para espiar a Bárcenas y su entorno, usando para ello recursos policiales -incluidos fondos reservados- a fin de localizar la información sensible que pudieran tener sobre el PP y sus dirigentes para evitar que llegara a manos de la Justicia. Para ello, el exministro presuntamente organizó un dispositivo de vigilancia a la mujer de Bárcenas, Rosalía Iglesias, en el que participaron decenas de agentes y que controló sus movimientos al menos entre el 25 de julio de 2013 y el 12 de febrero de 2014.

Fernández Díaz al ver como Rajoy y Cospedal se van de rositas, olvidando su condición opusiana ha decidido que él solo no se come el marrón y ha recurrido la decisión del magistrado de la Audiencia Nacional de procesarle por la Kitchen, mediante un escrito en el que no solo no niega la existencia del operativo ilegal, ni que tuviera participación en él, sino que sitúa a Rajoy, Cospedal y Sáenz de Santamaría presuntamente en el origen del mismo, ya que entre el material existente examinado están perfectamente identificados.

El exministro alberga la esperanza de que su recurso prospere y se le desimpute porque termina diciendo que no existen motivos para sostener por más tiempo su imputación con riesgo de someterle injustificadamente a una ‘pena de banquillo’ adicional a la ‘pena de telediario’ que ya ha sufrido.

Hay quien quiere ver, al hacerse público el recurso presentado, como un mensaje inequívoco y directo a Rajoy, Cospedal y Sáenz de Santamaría. Si ninguno de los citados no mueve piezas e influencias para evitar su procesamiento definitivo por las vías que sean, no será el único que al menos se coma la pena de banquillo adicional a la de telediario por venir.

Fernández Díaz, según el juez instructor, cometió serios delitos al instigar o permitir el operativo ilegal, poniéndose su ética y moral cristiana por montera, ahora, pierde todo decoro instando subliminalmente a que le salven del lío en el que está metido, de lo contrario, a lo mejor, alguien saca a luz el contenido de algo de lo sustraído supuestamente a Bárcenas.

A lo mejor, la no renovación del Consejo General del Poder Judicial es lo que le pueden ofrecer por ahora, algo que no debe contentar del todo al ex titular de Interior y de ahí su iniciativa. En cualquier caso, sin dejar de mirar el dedo que señala, es bueno que se mire hacia donde señala. Atentos. 

Opinión | La justicia; un cachondeo que no cesa

El descrédito de la justicia a cualquier nivel no es una apreciación subjetiva, todo lo contrario. Desde la más alta magistratura, Tribunal Constitucional (TC), hasta el más recóndito y anónimo de los juzgados de Primera Instancia e Instrucción pasando por el Tribunal Supremo, Audiencia Nacional, Tribunales Superiores de Justicia, Audiencias Provinciales resoluciones tras resoluciones o sentencias judiciales provocan escepticismo, hilaridad y hasta sonrojo entre la mayoría de los ciudadanos.

Una justicia que dependa del juzgado, tribunal o del juez o de ante mano se sepa la resolución judicial o sentencia según en qué instancia judicial se dirima la causa, poco tiene que ver con la justicia y sí mucho con la discrecionalidad o con el pensamiento ideológico o moral de quien debe aplicar la justicia. Aquel juez o componentes de un tribunal que antepongan sus convicciones políticas, ideológicas o morales a una aséptica interpretación de la norma a la hora de dictar sentencia se descalifica como tal y deben ser irremediablemente apartado de la judicatura. Con esto no estamos impidiendo que los jueces tengan convicciones, sino que dichas convicciones no pueden ni deben influir en sus sentencias y resoluciones judiciales.  

A todo esto, hay que añadir que la secular falta de inversión en la administración ha incrementado un problema endémico en nuestro sistema: la lentitud de la Justicia, ocasionando sobrecarga de trabajo de los Juzgados, que lleva a algunos de ellos a una auténtica situación de colapso. 

Existe una aparente contradicción entre la necesidad de celeridad y eficacia de la justicia, y la necesidad de defensa y garantías de los acusados. Ante esta contradicción se extiende el clamor por la reforma de las leyes. 

Conocida es la afirmación del presidente del Tribunal Supremo en el sentido de que las leyes que regulan los procesos penales en España están previstas para los “robagallinas”, pero no para los grandes defraudadores. Para estos casos suele pasar hasta más de diez años desde que cometieron los hechos delictivos hasta que la condena ha sido firme.

Frente a la corrupción, frente a los delitos complejísimos de los que no roban gallinas, se suele pedir mayor rigor, más penas. A ese tipo de delincuentes lo que les frenaría no es la severidad de las penas sino la certeza de su aplicación. Delinquen convencidos de que, si son descubiertos, sus bien retribuidos defensores alargarán el proceso hasta el infinito y que, finalmente, podrán eludir los rigores de una condena efectiva.

Si los doctos letrados y de supuesto reconocido prestigio componentes del Tribunal Constitucional tardan más de 16 meses en dictar sentencia en relación con recurso presentado de inconstitucionalidad acerca de ciertos aspectos del Estado de Alarma, sabiéndose de antemano el resultado 6 a 5 de los letrados componentes del máximo tribunal, refleja meridianamente lo anterior dicho. Del mismo modo, no se puede entender que sobre la misma causa, esto es, sobre la petición de toque de queda por las administraciones autonómicas, tengan resoluciones dispares en los Tribunales de Justicias autonómicos, sabiéndose cuál iba a ser la resolución en función de la adscripción política de los jueces que componen dichos tribunales.

Cabe terminar afirmando que, para colmo, la justicia no es igual para todos y en nuestro país hay ejemplos que así lo demuestran y no hay mejor forma de mostrarlo con el pensamiento de aquel filósofo griego: “Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales”. En este sentido hay que entender que la hermana del rey se salvará de una condena que la llevará a la cárcel como a su marido, que al rey emérito no se le haya procesado por delito alguno en nuestro país y, más recientemente, que un juez de la Audiencia Nacional tras escuchar las conversaciones grabadas del excomisario Villarejo no encuentre motivo para imputar a Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal en el llamado caso Kictchen, por ejemplo.

Todo ello, hace aumentar entre los ciudadanos la creencia de que la Justicia es un cachondeo donde se dirimen otros asuntos ajenos a las causas que se traten y de ahí las resoluciones tan dispares y contradictorias, en la que jueces de manera arbitraria suelen volcar sus convicciones ideológicas o morales y en la que el principio de que todos somos iguales ante la ley brilla por su ausencia. 

Lo dicho, un cachondeo que no cesa.

Opinión | Las tres caídas de Susana

La defenestración política de Susana Díaz, se puede decir que en términos pugilísticos ha sido por KO en tres asaltos. La que llamaban en plan castizo sevillano como la “sultana” bien noqueada ha besado la lona política por tres veces hasta que ha tenido que tirar la toalla. 

Tras aquel rocambolesco comité federal en el que Pedro Sánchez tuvo que dimitir y hacer lo propio con su acta de diputado para no tener con su abstención favorecer el gobierno a Rajoy y evitar de esa manera nuevas elecciones, Díaz pidió la cabeza de Pedro Sánchez y lo que consiguió es que perdiera aquellas primarias a la secretaria general de su partido. Se dejó llevar por aquellos dinosaurios del PSOE que le calentaron el oído y que tras la derrota contra pronóstico sufrida, la dejaron abandonada. Primera caída.

Atrincherada ya de nuevo en Andalucía, a la que dijo que nunca abandonaría, adelantó las elecciones. Si bien ganó dichos comicios, no fue suficiente para que las tres derechas la desbancaran de la presidencia de la Junta de Andalucía y dejara a su partido por vez primera en la oposición. No fue suficiente el populismo tan manido por los políticos mediocres que se da en todo el espectro ideológico, en este caso, de conmigo o contra Andalucía, pretendiendo identificar el territorio y su partido con su persona, creyendo que el suelo clientelar tejido durante décadas dentro y fuera del partido iba a ser suficiente para ganar con solvencia las elecciones autonómicas. Segunda caída.

En una huida hacia adelante a la desesperada hace oídos sordos, no da un paso al lado desechando propuesta de salida airosa como la presidencia del Senado para posteriormente presentar su candidatura a las primarias para elegir candidato a la Junta de Andalucía, siendo derrotada estrepitosamente por el candidato de la dirección nacional de su partido, mediante traiciones confesas y otras no tanto y quienes han aprovechado la ocasión para pasarle debida factura. Tercera caída.

Ha necesitado tres caídas para darse cuenta que su carrera política de primera línea ha dado su fin, que ya no levanta pasiones por donde pasa. Su ascenso a la primera línea fue meteórico de la mano de una vieja guardia socialista quemada por escándalos de corrupción y no ha sabido mantenerse cayendo en el riesgo de una ambición desmedida alentada por quienes, al igual que ella, han hecho de la política su único modus vivendi.

Ahora, resignada tirando la toalla, al parecer está dispuesta a aceptar el plato de lentejas que sus adversarios le ofrecen, más que en un gesto de magnanimidad en un gesto de sometimiento, un escaño del montón en el Senado, aunque tenga que traicionar para ello a unos de los suyos. Por eso tranquilos que, aunque está acabada, le han dado algo de vidilla para que pueda seguir viviendo de la política y no quedar como víctima más allá de su soberbia y ambición, pero ya sola, abandonada en el anonimato.

A la que se consideraba futura lideresa natural del PSOE y adulaban como “nasia pa ganá”, sus propios conmilitones le han dicho que se vaya y que de camino se lleve a ese aparato del partido con olor a naftalina. Ni Andalucía, ni los socialistas andaluces ya no se identifican con lo que pudo representar políticamente Susana Díaz por muchos esfuerzos que hizo en estas primarias andaluzas de cercanía y tan solo un conjunto de estómagos agradecidos la siguieron alentando temiendo perder sus prebendas. Ahora muchos de ellos ya reniegan de ella.

Tal como alguien ha escrito por ahí muy atinadamente, “el viejo PSOE ha dado paso al PSOE de siempre”.

Opinión | ¿Chiringuito? Oh yeah

La maldita hemeroteca se ha convertido en una nueva versión de las sentencias populares “por la boca muere el pez”, “donde dije digo, digo Diego”, “ande yo caliente, ríase la gente”, “dame pan y llámame tonto” entre otras. Es la hemeroteca la que ahora sirve para desmontar a tantos hipócritas, impostores, arteros, judas, oportunistas, pancistas, etc. que han encontrado en la política el lugar propicio para medrar y vivir de ella. Toni Cantó, también conocido como el Willy Fo de la política, es un indigno representante de esa clase de políticos.

Cantó quiso convertirse en el azote contra los “chiringuitos ad hoc” creados por el PSOE y PP para atender a aquellos que por una u otra razón había perdido la cobertura económica que le otorgaba su representación institucional o a aquellos que de otra manera no encontraban un sustento económico. Mira por donde, después de recalar como nueva parada en su viaje entre partidos en la formación política cuya corrupción denunciaba también, le han regalado un chiringuito ad hoc donde disfrutar de los 75.000 euros anuales de sueldo que tendrá asignado.

Aunque tirar de hemeroteca ha bastado para demostrar nuevamente la indignidad política que atesora Toni Cantó, poco le ha importado quedar como un farsante redomado cuyo único objetivo y razón es vivir de lo público como buen neoliberal que es. Hay que recordar también que Santiago Abascal disfrutó igualmente durante años de otro chiringuito parecido que le propició el PP hasta que le pareció poco y montó su propio chiringuito.

Dicen que el citado pica flor de la política fue una imposición de Casado a Ayuso, que tuvo que aceptar sin agrado, y que la justicia le favoreció al impedir su inclusión en la lista electoral. La intención de Ayuso era dejarlo tirado como muestra de independencia y poder frente a su presidente nacional, pero alguien le ha debido soplar que o le das algo a Cantó o este se va a Vox y el resto de relevantes miembros de Cs de Madrid huérfanos, no van a dar el paso de integrarse en el PP si ven que no obtendrían alguna prebenda como la que al final ha obtenido Cantó, y las próximas elecciones están a la vuelta de la esquina. Ayuso, dio su brazo a torcer, creando ese chiringuito a modo de caramelo envenenado, para que Tony Cantó se ahogue en su propia miseria y de camino continuar con el mensaje de que en Madrid ella decide sin más. El ex actor acepta porque 75000 euros del ala sin hacer nada no son en absoluto desdeñables.

Nos escandalizamos por este chiringuito creado ad hoc para Cantó y de aquel que disfrutó Abascal y de cuantos otros puedan existir repartidos por todo el país, pero para chiringuito el que le dispensa el principal partido en el gobierno local a ese coordinador general, sin capacitación profesional alguna para el cargo, de una empresa municipal de la Sanlúcar del Santo Régimen. Que no solo, que según dicen, gana más que el presidente del gobierno llegando a los 100.000 euros anuales en una empresa cuyo presupuesto anual apenas sobrepasa los 3 millones de euros, sino que la utiliza como si algo familiar fuese, desde donde despacha con no más criterio que el que dicte sus santas gónadas.

Toni Cantó en 1992 interpretó la obra teatral El Mercader de Venecia, obra que a buen seguro le debió marcar profundamente y de ahí su comportamiento en política.

Opinión | Pobreza y exclusión social silenciadas

Hace unos días Cruz Roja española ha presentado un informe bajo el epígrafe La crianza en la Primera Infancia’. Dicho informe estudia y analiza la vulnerabilidad social de las familias con hijos de 0 a 6 años atendidas por la organización y el impacto que la COVID-19 y los distintos factores de riesgo en los ámbitos de empleo, ingresos, salud, vivienda, redes de apoyo, acceso a la protección social, etc. tienen en la crianza.

El estudio establece que la situación ha empeorado sustancialmente respecto a antes de la pandemia, ya que el 55% de las personas atendidas están en situación de desempleo y cerca del 40% de los hogares tiene a todos sus miembros en paro. El 90% de las personas que tienen empleo son trabajadores pobres. El 96% de los hogares está en riesgo de pobreza y exclusión social y el 54% experimenta privación material severa. Además, el 83% de las familias está en situación de pobreza extrema y tres de cada cuatro hogares no pueden asumir gastos de salud de sus hijos e hijas como gafas, audífonos o copagos.

Por otra parte, el 31,3% no pueden permitirse una comida con proteínas 3 veces en semana, y el 52,2% experimentan pobreza energética.

En relación a la protección social, cabe destacar que el 10% de las familias no recibe ninguna ayuda de tipo económico. El 42% percibe prestación por hijo a cargo. La sustitución de esta prestación por el Ingreso Mínimo Vital no está siendo automática (lo que genera gran vulnerabilidad). Solo el 15,3% es beneficiaria del bono social, lo que pone de manifiesto las barreras de acceso a las medidas de protección contra la pobreza energética.

Este demoledor informe ha pasado de incógnito para los políticos, porque unos están enfrascados en justificar los indultos y los otros en utilizarlos para erosionar al gobierno con este asunto. La Agenda 2030 no terminar de llegar ni plasmarse y anuncia un mundo feliz para el 2050, pero proponiendo más de lo mismo.

Por su parte, la derecha, en sus tres versiones, ajena a esta preocupante situación social, encuentra motivo en el tema de los presuntos indultos a los presos del procés para movilizarse y anuncia una reedición de la foto de Colón porque con el mayor cinismo dicen que pone en riesgo la convivencia, la paz social, la justicia y la propia Constitución.

Sin embargo, en la demoledora realidad social que dibuja el informe de Cruz Roja no encuentran ocasión para una movilización, porque no apreciarán que con esta situación ponga en riesgo esa  paz social ni el cumplimiento de esa Constitución que tanto dicen defender, ni tan poco los acuerdos internacionales en materia social suscritos por nuestro país.

Sin entrar en más profundidad en relación con los derechos sociales del texto constitucional le tenemos que recordar que el artículo 1.1 define literalmente a España como un Estado social y democrático de Derecho. Avergüenza sobremanera que, para tantas familias, tantas personas y tantos niños, el texto constitucional sea tan solo papel mojado y sea utilizado como arma política arrojadiza de unos contra otros.

Tampoco los medios de comunicación han encontrado espacio entre tanto debate sobre el indulto y la movilización de la derecha política, para ocuparse del informe de Cruz Roja. El sensacionalismo de los indultos debe vender más que reflejar una preocupante realidad social, olvidándose que tarde o temprano esta realidad terminará explotando y entonces sí ocuparán portadas y espacios televisivos en los que concienzudos contertulios analizarán las consecuencias, pero sin tener en cuentas las causas.

Opinión | Colombia abandonada ante la indiferencia

Colombia está viviendo una de las peores crisis políticas de su historia debido a las movilizaciones contra las políticas económicas del gobierno conservador de Duque que ha empeorado aún más las expectativas de las familias colombianas. La gota que llenó el vaso de la paciencia de los colombianos ha sido la abusiva reforma tributaria que afectaba principalmente a la clase trabajadora colombiana cada vez más empobrecida.  A raíz de la pandemia, la pobreza monetaria en Colombia subió el año pasado 6,8 puntos con respecto a 2019 y se situó en el 42,5 %, lo que significa que el número de pobres del país aumentó en 3,6 millones de personas al pasar de 17,4 a 21 millones.

Las Movilizaciones que surgieron en 2019, tras un paréntesis de un año debido a la COVID, han resurgido con fuerza hace dos semanas convocadas por los sindicatos a la que se sumó gente de todas las condiciones sociales, un movimiento que no pierde fuerza con el paso de los días y que, lamentablemente, están siendo reprimidas de forma salvaje por la policía y el propio ejército.

Aunque el presidente Duque ha dado marcha atrás en sus pretensiones, la mecha del descontento social está pretendida, ya que no solo se trata de la abusiva reforma fiscal, ya que las movilizaciones tienen un profundo deterioro económico y social que sufre especialmente la clase media trabajadora. Duque, de manera cínica, apela al diálogo mientras su policía junto al ejercicio masacra a la población en las calles.

La represión policial ha ocasionado decenas de muertos y desaparecidos, así como, miles de heridos en una escalada de violencia represiva que ha provocado que la propia ONU recordara al gobierno colombiano la importancia de que garantice la protesta social y permita las marchas pacíficas, después de que delegados del organismo denunciaran la brutal actuación de la fuerza pública en la ciudad de Cali.

Para la caverna política y mediática española estos hechos en Colombia están pasando absolutamente desapercibidos, se muestran indiferente como si no existiesen.

¿Cuál hubiese sido su actitud si estos hechos se estuviesen dando en otros países, como por ejemplo Venezuela? Las diarios y machaconas portadas de esos medios nos las podemos imaginar, las intervenciones de los contertulios a nóminas encubiertas de la caverna política  y las referencias de los líderes del PP y de la ultraderecha también. Pero en esta ocasión como se trata de un gobierno conservador que ha emprendido una reforma fiscal muy similar a la que el gobierno del PP de Rajoy implantó en plena crisis económica, callan y miran para otro lado.

Si bien, de la derecha política y sus voceros mediáticos lo esperábamos, lo que no esperábamos es que ni el gobierno, ni PSOE, ni UP, ni el resto de fuerzas políticas progresistas condenen los graves incidentes en el país sudamericano. Este silencio ante el atropello democrático que sufre la ciudadanía colombiana que esperemos no sea consecuencia del fracaso electoral madrileño.

Opinión | Mena versus Verde

Pretendieron ser innovadores y ocurrentes y tiraron de ingenio sacando lo de VERDE, conjunción entre el acrónimo de Viva El Rey De España y el color distintivo de su formación política como respuesta a los supuestos ataques que recibe la monarquía por parte de la izquierda. Cualquier comentario o post en las redes sociales en referencia a las andanzas del emérito y la patulea impresentable que forman gran parte de los miembros de la Casa Real eran contestadas de manera inmediata e enigmática con la palabra VERDE, a modo de consigna previamente establecida, incluso en el mismo Parlamento algún diputado de la extrema desvergüenza han sacado un cartelito donde rezaba el acrónimo.

La respuesta no se hizo esperan y no menos oportuna e ingeniosa: MENA, con una doble intención. Por una parte, hace mención al acrónimo de Monarca Español No Acompañado, en referencia al rey emérito huido indecorosamente a los Emiratos Árabes y, por otra, en referencia a los Menores Extranjeros No Acompañados, colectivo que han pretendido criminalizar culpándole de forma abyecta de una supuesta inseguridad ciudadana.

Como se suele decir, pretendieron ir a por lanas y, con esta rotunda respuesta, han salido trasquilados. De tal manera que no hay VERDE que no obtenga su correspondiente MENA.

La baja calaña moral de esta extrema desvergüenza, hace que defiendan a quien ha huido de manera deshonesta para ser un ex jefe del estado, personaje que se encuentra ya muy defendido y atendido en sus necesidades, si las tuviere, por una caverna mediática y económica que ahora tiene que cumplir por los servicios prestados de antaño. Se muestran complacientes, benévolos y dóciles con el sátrapa huido, sin embargo, se muestran implacables con quienes vienen huyendo de la desesperación y la miseria de sus lugares de origen en busca de un futuro mejor tras jugarse la vida y se encuentran desamparados en un país extranjero. Estos jóvenes no encontraran la ayuda de personajes con nombres de abolengo y fortuna de dudosa procedencia, pero si con la solidaridad y comprensión de una mayoría social que exige a los poderes públicos que cumplan con el deber de prestarles asistencia y acogimiento.

El color que hace referencia el acrónimo, nada tiene que ver con el color de la esperanza que se le debe transmitir a esos menores que por una causa u otra han tenido que dejar a su familia en sus países, ni tampoco con la esperanza de unos padres que desean para sus hijos un futuro mejor, aunque se tengan que jugar la vida en el intento.

Uno huye para no dar explicaciones sobre sus vergonzantes actos y no responder ante la justicia por sus presuntos delitos y otros huyen de la miseria y la desesperación, esa es la diferencia.

Opinión | Balas o libertad

No es el título de una película de aquellas de los spaghettis western de los años 60 y 70 protagonizada por Clint Eastwood entre otros actores propios del género en las que se resolvía los conflictos a balazos e imperaba la ley del más fuerte, más bien pretende ser la tesitura moral en la que se encuentran los madrileños ante las próximas elecciones autonómicas del 4 de mayo.

Sin caer en un tremendismo, pero sin restarle un ápice de lo que significa en cuanto a deterioro y de anormalidad democrática, lo cierto es que después de las misivas amenazantes con balas incluidas recibidas por Iglesias, Marlaska y la Directora de la Guardia Civil, así como, esa otra dirigida a la ministra de Turismo con una navaja ensangrentada, supone un salto inimaginable en la polarización política y el odio al contrario, sobre todo si determinados partidos políticos no la condenan y la rechazan rotundamente o de manera sibilina cuestionan su autoría enmarcándola en una operación de manipulación.

Inicialmente, la candidata del PP, Díaz Ayuso, pretendió que los madrileños eligieran entre Socialismo o Libertad, posteriormente propuso lo de Comunismo o Libertad ante el anuncio de la candidatura de Pablo Iglesias. Con esta propuesta simplista y maniquea pretendía manipular a los madrileños, en el mismo orden con lo de salud o economía, en cuya trampa han caído no pocos ciudadanos. Este peligroso maniqueísmo, por lo de excluyente, se puede convertir en el germen de intolerancia que puede impregnar cualquier ámbito de la vida y las relaciones personales, de ahí que los madrileños deban elegir entre la intimidación que supone una amenaza y la libertad para expresar sus ideas y exigir solución a sus problemas.

Balas o Libertad, no es una dicotomía impuesta ni una irracional reacción a una amenaza, en realidad es el mensaje que encierra las cartas enviadas y es ese mismo mensaje el que algunos, no solo se niegan a condenar de manera expresa, sino que, al cuestionar la autoría, lo han hecho suyo de forma subrepticia, vanagloriándose de ello.

La preocupación ante esta escalada de fanatismo no puede servir para paralizarnos, sino todo lo contrario, debe servirnos para no bajar la guardia y para aislar a los que se aíslan en su intolerancia, en su incapacidad de reconocer al contrario y a los que utilizan la democracia como herramienta desde donde medrar y poder imponer sus consideraciones y privilegios.

Los madrileños el 4 de mayo y los españoles en general, llegado el momento, más allá de las ideologías debemos discernir bien entre los que con tal de conservar el poder son capaces de ir de la mano con los que pretenden solucionar los problemas eliminando a los que sufren esos problemas desparramando grandes dosis de odio y crispación, y aquellos que quieren solucionar dichos problemas desde la justicia social, germen de una verdadera libertad en cualquier democracia que se precie de serlo.

La equidistancia y la indiferencia sobre este tipo de problema lo reflejó en su día en un poema el pastor luterano alemán Martin Niemöller que, lamentablemente, sigue hoy vigente:

“Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.

Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí”.